domingo, 2 de octubre de 2016

Estatuas de corsarios





Monográfico | Piratas

ESCULTURA DE CORSARIOS

ESTATUAS QUE MIRAN AL MAR



La escultura exenta que se conserva sobre estos aventureros del mar está destinada en su gran mayoría a embellecer los puertos y paseos marítimos de las poblaciones que en mayor medida sufrieron sus ataques. Su objetivo es el de contar la historia de estos destinos turísticos, en su mayoría, a través de estatuas y memoriales. Su escasa producción queda sobradamente justificada en los actos vandálicos y crímenes cometidos por estos personajes, no obstante, si hablamos de corsarios, piratas al servicio de una nación, podemos encontrar algunos bellos e interesantes ejemplos.

Uno de ellos se encuentra en la población inglesa de Tavistock, lugar de nacimiento del corsario por excelencia de Isabel I, Sir Francis Drake. Allí una estatua de bronce fundido le recuerda con la mirada puesta en el horizonte y la mano sobre un globo terráqueo. Fue realizada en 1883 por el medallista y escultor Josep Boehm, activo en Londres durante la segunda mitad del siglo XIX. El pedestal sobre el que descansa la escultura se decora con relieves de la vida del militar como su nombramiento como caballero inglés por la Reina de Inglaterra, el momento en el que es informado del avistamiento de un navío español mientras jugaba a la petanca -y que no atacó hasta acabar la partida- o su entierro el 28 de enero de 1598 frente a las costas de Panamá.  

De semejantes características es la estatua de Sir Walter Raleigh, otro de los grandes corsarios ingleses, realizada por Bruno Lucchesi en 1975. Raleigh fue además de corsario, político y escritor, un importante precursor de las colonias estadounidenses y su efigie fue requerida por iniciativa popular en la ciudad de Carolina del Norte con nombre homónimo.

Caso parecido ocurre con la estatua de Jean Bart, célebre corsario francés, realizada por David d’Angers, llamado el Miguel Ángel francés, en 1845. Se encuentra en la ciudad de Dunkerque, población francesa de la que zarparon numerosos corsarios al servicio de Luis XIV durante los siglos XVI y XVII. Bart fue sin duda el corsario más importante de todos ellos.


                                        


Tanto Drake y Raleigh en Inglaterra como Bart en Francia fueron hombres muy importantes en la política y la historia de sus respectivos países pero en el caso de los hermanos Barbarroja, temidos piratas turcos y azote de las costas españolas, nos encontramos ante auténticos héroes nacionales.

Esta familia de corsarios berberiscos fueron los piratas más importantes de todo el mar Mediterráneo. En su recuerdo como héroes militares del Imperio Otomano se erigió el mausoleo de Jeireddín Barbarroja, obra del arquitecto turco Mimar Sinan de 1541, en el barrio de Besiktas, Estambul.

En España también contamos con estos singulares memoriales como el Monumento a los corsarios de Ibiza, obra del arquitecto Augusto Font. Representa el reconocimiento local a los marineros que defendieron las costas ibicencas de los continuos ataques berberiscos. Tras nueve años de donaciones y aportaciones desinteresadas, la obra se completó en 1915.

Una última parada nos traslada al puerto para cruceros de Charlotte Amalie, en las Islas Vírgenes estadounidenses, donde las estatuas de Barbanegra, Henry Morgan o Bartholomew Roberts dan la bienvenida a marinos y visitantes. Son de producción contemporánea y su paso por el archipiélago ha sido utilizado como reclamo turístico sin demasiado rigor histórico.


                                        



Dejando a un lado la escultura exenta, otro de los elementos artísticos que vale la pena destacar son los mascarones de proa de los galeones de Indias y de Manila que tanto perseguían los corsarios. Tanto, que cuando no eran hundidos, se convertían en sus nuevos buques de guerra como ‘La Venganza de la Reina Ana’ del pirata Barbanegra o el galeón Whydah de Black Sam Bellamy.  




OTRAS IMÁGENES:


                                        




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