Entorno Virtual de Aprendizaje?

Un E.V.A. es espacio educativo alojado en la web conformado por herramientas informáticas que posibiliten la interacción didáctica con los usuarios.

Navegación 2.0

Recorre todos las secciones de nuestra web a través de la barra de navegación desplegable y el buscador de entradas.

Videos didácticos

Las obras de arte más importantes y los momentos artisticos más relevantes explicados paso a paso.

Encuentra todo lo que necesitas

Reportajes, exámenes, ejercicios, actividades y mucho más para descargar directo tu ordenador.

Internet y redes sociales

No te pierdas nada con esta plataforma accesible y actualizada a todos los nuevios medios.

sábado, 8 de julio de 2017

10 obras imprescindibles de Roald Dahl




LITERATURA

10 OBRAS IMPRESCINDIBLES DE

ROALD DAHL






Roald Dahl fue piloto de aviones de guerra, diplomático y guionísta de películas de espías; una vida trepidante por todo el mundo que no le impidió desarrollar su verdadera vocación como novelista pues títulos como 'Charlie y la fábrica de chocolate', 'Matilda' o 'Las brujas' lo convirtieron no solo en una fuente inagotable para el cine, sino también en uno de los escritores más importantes del siglo XX.


Roald Dahl (1916-1990) fue un novelista y autor de cuentos británico, famoso como escritor tanto para niños como para adultos, aunque su vertiente de literatura infantil es bastante más conocida.

Nació en Gales el 13 de Septiembre de 1916 y murió en Inglaterra el 23 de Noviembre de 1990. Hijo de padres noruegos, se educó en diversas escuelas terminando sus estudios en la Repton de Derbyshire. Trabajó en una fábrica de chocolate (origen de su cuento Charlie y la fábrica de chocolate), y en 1934 comenzó a trabajar en la petrolera Shell, estando destinado en Tanzania donde encontró las aventuras que deseaba: calor, cocodrilos, víboras y safaris.

En 1939 se incorporó a la RAF, formándose como piloto e interviniendo en numerosas acciones durante la Segunda Guerra Mundial hasta que fue alcanzado en un combate. En 1942 fue a Washington donde comenzó a escribir sus cuentos, publicando relatos cortos en revistas y periódicos.

Muchos de sus libros se hicieron tan populares que acabaron convirtiéndose en películas de gran éxito comercial como “Charlie y la fábrica de chocolate”, tan solo un ejemplo.

Entre sus libros más populares se encuentran también 'James y el melocotón gigante', 'Matilda', 'Las brujas', 'El dedo mágico' o 'Relatos de lo inesperado', quizá uno de los más conocidos por el público adulto además del infantil. Es autor de géneros muy diversos y de temáticas muy variadas. Escribió cuentos y poesías para niños, relatos macabros para adultos, novelas de ciencia ficción y novelas de tipo autobiográfico.

A continuación te enseñamos 10 de sus obras imprescindibles.








1. Charlie y la fábrica de chocolate. 1964






Charlie Bucket (Freddie Highmore), un niño muy bueno de una familia muy pobre, gana un concurso para disfrutar de una visita de un día a la gigantesca fábrica de chocolate del excéntrico Willy Wonka (Johnny Depp) y su equipo de Oompa-Loompas. Cuatro niños más de diferentes partes del mundo lo acompañan a través de un mundo fantástico y mágico lleno de diferentes sabores. 

Este libro fue adaptado al cine en 1971, en la película Willy Wonka y la Fábrica de Chocolates, escrita por Roald Dahl, dirigida por Mel Stuart y protagonizada por Gene Wilder, y en la película Charlie y la fábrica de chocolate, dirigida por Tim Burton y protagonizada por Johnny Depp.





2. Las brujas. 1983






Luke es un niño apasionado por las historias de misterio. Un día, las leyendas contadas por su abuela sobre la existencia de las brujas lo introducen en un mundo misterioso. 

Posteriormente se hizo una adaptación cinematográfica, The Witches (Las brujas en español) en 1990, dirigida por Nicolas Roeg y protagonizada por Anjelica Huston, bastante fiel a la novela, aunque algunos cambios no gustaron a Dahl.

Las brujas narra la historia de un niño de 7 años que, con la ayuda de su abuela, se enfrenta a la terrible asociación de brujas de Inglaterra, que están comandadas por su maligna reina, la Gran Bruja. El problema que expone el libro radica en que estas brujas no son las típicas que aparecen en los cuentos tradicionales, sino que son unas mujeres corrientes que se visten con unas ropas corrientes y llevan una vida corriente, como la de cualquier mujer corriente.





3. James y el melocotón gigante. 1961




Tras la muerte de sus padres, el pequeño James se ve obligado a vivir con sus dos crueles y repulsivas tías. La visita de un extraño personaje, una araña a la que salva, le proporciona un medio para escapar: un melocotón gigante que comienza a crecer desmesuradamente en su jardín. Cuando se introduzca dentro de él conocerá a otros pintorescos personajes. 





4. Matilda. 1988




Matilda Wormwood es una niña muy curiosa e inteligente, todo lo contrario que sus chabacanos padres, que suelen ignorarla y despreciarla. Tras descubrir que posee poderes telequinésicos, llega a la conclusión de que podría usarlos para hacer el bien, ayudando a los que están en dificultades, pero también para castigar a las personas crueles y perversas. 

Se hizo adaptación cinematográfica, con el mismo nombre en 1996 y un musical en 2010.





5. El gran gigante bonachón. 1982




El gran gigante bonachón (El GGB en sus siglas en español o The BFG en inglés) es un libro escrito por Roald Dahl e ilustrado por Quentin Blake que se publicó por primera vez en 1982. Este gigante ha sido mencionado en otro libro de Roald Dahl, Danny el campeón del mundo, cuando el papá de Danny le cuenta la leyenda del gigante bonachón que les daba sueños a los niños buenos.

En 1989, una película de dibujos animados basado en el libro salió al mercado con David Jason haciendo la voz del gigante y Amanda Root haciendo la de Sofía.

Hay también una adaptación del libro hecha película por Disney en el 2016 dirigida por Steven Spielberg titulada The BFG.





6. Los cretinos. 1980




Los Cretinos (The Twits en inglés) es un libro del escritor Roald Dahl publicado en 1981.

Se basa en 2 personajes: la señora y el señor Cretino que son cretinos, sucios y horribles. La señora Cretino siempre busca jugarle una broma a su pareja el señor Cretino quien, a su vez, también intenta hacerle bromas a ella.

Su casa es horripilante y fea, en ella se formarán aventuras con una familia de monos a la que tienen como prisioneros y los pájaros que están cansados que los Cretinos los maten para hacer pastel los días miercoles y harán lo posible por jugarle una broma a los personajes que los han hecho sufrir. Finalmente la pareja se encoge por la broma jugada por los monos e pájaros y todos son felices.



7. Relatos de lo inesperado. 1979




Relatos de lo inesperado (original en inglés, Roald Dahl’s Tales of the Unexpected) es una colección de dieciséis cuentos cortos escrita por Roald Dahl y publicada en 1979. Todas las historias fueron prontamente publicadas en diferentes revistas, y posteriormente se editaron en las colecciones Someone Like You y Kiss Kiss.

La intriga, el humor negro y el desenlace que establece una complicidad con el lector, son los principales elementos que adornan la narrativa de este libro que, al igual que en sus cuentos para niños, también establece una fábula moral en la mayoría de los casos.



8. Boy. Relatos de la infancia. 1984




Boy, a pesar de querer no ser una autobiografía, lo es pero de forma muy diferente a lo usual. Dahl sabe hacer sencillas y directas todas las vivencias de su infancia y adolescencia, contándolas de forma que se pueden sentir, con la nitidez de un relato de primera mano. Para ello el autor se ayuda de grandes dosis de humor, una fina ironía y toda una capacidad crítica de muchas cosas que no le gustan, la peor de ellas los crueles castigos físicos de las escuelas y colegios ingleses de su infancia.



9. El dedo mágico. 1966




El libro trata acerca de una niña con un dedo mágico que solamente funciona cuando ella se enoja sin tener control alguno sobre lo que éste ocasiona.



10. Historias extraordinarias. 1977




Historias extraordinarias (título original en inglés The Wonderful Story of Henry Sugar and Six More) es una colección de siete cuentos cortos escrita por Roald Dahl, publicada en 1977 por Jonathan Cape. Por lo general es considerada como una colección dirigida a un público algo mayor que la de sus cuentos infantiles.

Las historias fueron escritas en diferentes momentos de su vida, y dos de éstas (Racha de suerte y Pan comido) son autobiográficas. La primera describe cómo se convirtió en escritor, en tanto que la otra describe parte de la experiencia de Dahl como piloto de combate durante la Segunda Guerra Mundial. Otro cuento de no ficción habla sobre cómo un granjero británico encontró un tesoro legendario de la Antigua Roma.





¡Gracias Roald!


Antes de terminar, quisieramos hacer una breve mención al ilustrador, escritor y dibujante británico  Quentin Blake, conocido por sus trabajos para ilustrar las obras de su colega y amigo Dahl. Su estilo característico de estudiada inseguridad y trazos rápidos de tinta le otorgó un éxito recíproco con el escritor.



Aquí una pequeña entrevista en castellano.






OTROS VÍDEOS RELACIONADOS:


                                        


Los 10 estadios deportivos más grandes del mundo




ARQUITECTURA

LOS 10 ESTADIOS DEPORTIVOS 
MÁS GRANDES DEL MUNDO





Los estadios deportivos se han convertido actualmente en espacios multidisciplinares de dimensiones desorbitadas fruto de ambiciosos proyectos multimillonarios. Son complejas y precisas megaestructuras capaces de dar cabida a miles de personas como ya lo hicieran los teatros griegos o los anfiteatros y circos romanos en la antigüedad pero incorporando los nuevos avances arquitectónicos con la tecnología más avanzada.


Un estadio (del latín stadium, y este del griego stádion) es una construcción cerrada con graderías para los espectadores, destinado a competiciones deportivas. Es usado para varios tipos de deportes que son populares a nivel mundial como el fútbol, el rugby, el béisbol, etc.

Los estadios pueden influir de manera muy importante en la economía de un país albergando toda clase de eventos deportivos dependiendo de la capacidad que presentan. Consiste en un campo de grandes dimensiones rodeado por una estructura diseñada para que los espectadores puedan estar de pie o sentados viendo el acontecimiento. Desde tiempos remotos siempre han formado parte de la vida cotidiana de las personas.

El estadio conocido más antiguo del mundo se encuentra en Olimpia, en el Peloponeso occidental, Grecia, donde los Juegos Olímpicos Antiguos tuvieron lugar por primera vez en 776 a. C. Inicialmente fue construido para un solo evento que eran las pruebas atléticas. Presentaba más o menos una distancia de aproximadamente 190 metros (o 210 yardas). Roma y Grecia fueron las principales civilizaciones de Occidente que tuvieron noción y conocimiento sobre los estadios.

Aunque originariamente y de forma estricta, un estadio debía tener pista de atletismo y ser capaz de albergar competiciones de ese deporte, en la época contemporánea, el término estadio ha pasado a aplicarse también cualquier gran infraestructura deportiva con graderías y campo central, incluso cubiertas.

A continuación te mostramos los 10 estadios más grandes del mundo en la actualidad.




1. ESTADIO REUNGRADO PRIMERO DE MAYO
PIONGYANG, COREA DEL NORTE
150.000 ESPECTADORES





El Estadio Reungrado Primero de Mayo es el estadio de fútbol más grande del mundo. Está ubicado en la ciudad de Pionyang, Corea del Norte, y cuenta con una capacidad de 150 000 espectadores. Tiene múltiples usos, pues cuenta con pista de atletismo y campo de fútbol. En este estadio juega la selección de Corea del Norte. El nombre del estadio procede de una combinación de nombres del islote Rungra en el río Taedong, en el que está situado, y el Día Internacional de los Trabajadores o Primero de Mayo.





2. ESTADIO NACIONAL BUKIT JAIL 
KUALA LUMPUR, MALASIA

110.000 ESPECTADORES





El Estadio Nacional Bukit Jalil, es un estadio multipropósito localizado en el Complejo Nacional de Deportes Sukan Negara de la ciudad de Kuala Lumpur en Malasia. El recinto posee una capacidad para 110.000 espectadores, lo que lo convierte en el segundo estadio con mayor capacidad del mundo. Fue inaugurado en 1996 para albergar los Juegos de la Mancomunidad Británica de 1998, es desde entonces el estadio oficial de la Selección de fútbol de Malasia. Es utilizado para diversos eventos como albergar los Juegos del Sudeste Asiático 2001, una de las sedes de la Copa Asiática 2007, además de las ediciones de 2004 y 2012 del Campeonato de Fútbol del Sudeste Asiático.





3. AT&T STADIUM
ARLINGTON, TEXAS, ESTADOS UNIDOS
105.000 ESPECTADORES



El AT&T Stadium se ubica en Arlington, Texas, Estados Unidos y es sede de los los Dallas Cowboys, equipo de la Liga Nacional de Fútbol Americano. Este estadio reemplaza al Texas Stadium, que sirvió como hogar para los Cowboys desde 1971 y hasta el 2008.

Sus instalaciones pueden recibir 80.000 aficionados, con la posibilidad de expandirlo a 94.000 asientos. Fue diseñado por la firma de arquitectos HKS Inc. establecida en el área de Dallas. Además de los Cowboys, el estadio será utilizado para una gran variedad de acontecimientos que incluyen fútbol estadounidense universitario, además de conciertos y otro tipo de celebraciones no deportivas. El AT&T Stadium fue sede el 3 de abril de 2016 de Wrestlemania, el mayor evento de la WWE, con una asistencia total de 101.763 personas, batiendo el record histórico de asistencia a un evento de la lucha libre norteamericana.





4. MELBOURNE CRICKET GROUND
MELBOURNE, AUSTRALIA
100.024 ESPECTADORES



El Melbourne Cricket Ground es un estadio multiusos en el que principalmente se practica críquet, fútbol y fútbol australiano; ubicado en el distrito suburbano de Yarra Park de la ciudad de Melbourne, capital del estado de Victoria en Australia, que con sus 100.024 espectadores de capacidad lo convierten en el estadio más grande del país. En este escenario se realizaron las ceremonias de apertura y clausura de los Juegos Olímpicos de Melbourne 1956 y los Juegos de la Mancomunidad de 2006.

El Melbourne Cricket Ground es sede de cinco equipos de la Australian Football League: Collingwood, Essendon, Hawthorn, Melbourne y Richmond. Además, se han realizado conciertos musicales de Paul McCartney, U2, Madonna, Britney Spears y The Police, y ceremonias religiosas de Billy Graham y Juan Pablo II.






5. CAMP NOU
BARCELONA, ESPAÑA
99.354 ESPECTADORES



Inaugurado en 1957, su capacidad inicial de 93,000 espectadores fue ampliada a 120.000 espectadores con motivo del Mundial de 1982. Posteriormente el aforo se redujo por cuestiones de seguridad. Escenario de los partidos del FC Barcelona, también albergó la final del torneo de fútbol de los Juegos Olímpicos de 1992 y varias finales de Copa de Europa y de la extinta Recopa.

Además del campo de juego, en la visita se puede acceder al museo del FC Barcelona, a la tienda del club y al vestuario del equipo visitante. Asimismo, las instalaciones albergan una guardería, restaurantes, varios platós de televisión, un centro de medicina deportiva, la asociación de antiguos jugadores del equipo y las oficinas de distintos departamentos del club.






6. ESTADIO SOCCER CITY
JOHANNESBURG, SUDÁFRICA
94.736 ESPECTADORES



También conocido como First National Bank Stadium (FNB), que ostenta sus derechos, o ‘The Calabash’ (Calabaza), por su parecido con la fruta, allí la selección española conquistó su primer y único Mundial en 2010 al derrotar en la final a Holanda con un gol de Andrés Iniesta. Se inauguró en 1987 antes de ser reconstruido y pasar su aforo con motivo de este torneo. Sede de la Copa de África de 1996, que ganó la selección de Sudáfrica, allí también juega el Kazier Chiefs.





7. ROSE BOWL STADIUM
PASADENA, CALIFORNIA, ESTADOS UNIDOS
92.600 ESPECTADORES



El Rose Bowl es un estadio ubicado en la ciudad de Pasadena en el condado de Los Ángeles, California, en los Estados Unidos. El 27 de febrero de 1987 fue declarado como Monumento Histórico Nacional (National Historic Landmark) por la Secretaría del Interior de los Estados Unidos. Actualmente tiene una capacidad de 92,542 espectadores.

Fue la sede de la final de la Copa del Mundo de Estados Unidos 1994. El estadio albergó las pruebas de ciclismo en pista de los Juegos Olímpicos de 1932 y el Torneo Olímpico de fútbol en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984. Además fue anfitrión de la final de la Copa del Mundo Femenil Estados Unidos 1999.






8. WEMBLEY STADIUM
LONDRES, INGLATERRA
90.000 ESPECTADORES




El Wembley Stadium es el complejo deportivo más grande y prestigioso de Londres. Es la sede de la selección de fútbol de Inglaterra, y además, acoge conciertos y otros eventos deportivos como la FA Cup, la Copa Challenge de rugby, la Serie internacional de la NFL y la Copa Heineken de rugby.

El estadio abrió sus puertas en 2007 y tardó 4 años en construirse con un coste de 790 millones de libras. La construcción del nuevo Wembley fue parte del proyecto para los Juegos Olímpicos de Londres 2012; donde albergó partidos de los torneos de fútbol, tanto femenino como masculino, incluidas las finales de ambos.En la actualidad cuenta con 90.000 asientos.





9. ESTADIO AZADI
TEHERÁN, IRÁN
95.225 ESPECTADORES




El Azadi Stadium es el estadio más grande de Irán. Abrió sus puertas en 1973 tras construido para albergar los Juegos Asiáticos del año siguiente, Incialmente tuvo una capacidad para casi 100.000 personas y fue bautizado como Estadio Aryamehr en honor al antiguo Sha de Irán, pero después de la Revolución del país se cambió a Azadi, que significa “libertad”. Es el estadio donde juegan sus partidos la seleccionador nacional y los dos equipos más populares de la capital Teherán, el Esteghlal y el Persépolis.






10. ESTADIO GELORA BUNG KARNO
YAKARTA, INDONESIA
88.306 ESPECTADORES




El Estadio Bung Karno es un estadio multiuso en la ciudad de Yakarta, Indonesia. El estadio fue planeado para recibir los Juegos Asiáticos de 1962, la construcción comenzó en 1960 y se terminó a tiempo en 1962. En 2004 se anunció que Indonesia, Malasia, Tailandia y Vietnam serian sede de la Copa Asiática 2007 por lo que se remodeló el estadio lo que lo llevo a tener una capacidad de 88.306 espectadores. Una característica principal del estadio es el enorme techo en forma de anillo, fue uno de los primeros estadios en tenerlo para protege de las lluvias y el calor a los aficionados.





Somos conscientes de que en esta lista faltan grandes estadios de fútbol, referentes inconfundibles de muchas ciudades como el Estadio Azteca de México, el Maracaná de Río de Janeiro, Old Trafford de Manchester o el Santiago Bernabéu de Madrid. 


viernes, 16 de junio de 2017

Personajes 2.0 | James Cook. En busca del último continente



PERSONAJES 2.0

JAMES COOK

En busca del último continente




Retrato del Capitán James Cook. Nathaniel Dance. 1776. Museo Marítimo Nacional de Greenwich, Londres, Inglaterra


En 1769, el capitán James Cook, a bordo del Endeavour, inició un épico viaje para observar el tránsito de Venus en la Polinesia y descubrir un mítico continente, la Tierra Austral.


La exploración del Pacífico fue sin duda una de las mayores aventuras de la era de la Ilustración. En el siglo XVI, desde que Magallanes lo atravesara en 1521, el inmenso océano se había convertido en un «lago español», un mare clausum cerrado a otras potencias, y numerosos navegantes hispanos empezaron a fijar la geografía de los «mares del Sur» y de su miríada de islas y archipiélagos. A principios del siglo XVII, a los españoles se les sumaron los holandeses y, de forma esporádica, los ingleses, como el corsario Dampier. Sin embargo, fue a mediados del siglo XVIII cuando las potencias europeas, sobre todo Francia y Gran Bretaña, emprendieron una auténtica carrera para asentarse en las zonas inexploradas de aquel vasto espacio.

Durante el último tercio del siglo XVIII se organizaron varias expediciones que marcarían una época en la historia de las exploraciones , al mando de figuras como los franceses Bougainville y La Pérouse, los españoles Malaspina y Bustamante y los Británicos Wallis y James Cook. Este último, con sus tres grandes viajes alrededor del mundo–el último truncado por su trágica muerte en Hawái–, encarna quizá mejor que nadie el espíritu de esta generación de exploradores, gracias a una mezcla de arrojo, tenacidad, empeño científico y gran apertura a la diversidad del mundo humano y natural.



Mapa con las tres travesías llevadas a cabo por Cook. La primera en rojo, la segunda en verde y la tercera en azul


Aunque los historiadores no suelen señalarlo, el origen de la expedición de Cook se encuentra en un episodio ocurrido lejos de Inglaterra. En 1762, Manila, capital de las Filipinas españolas, fue conquistada por los británicos y Alexander Dalrymple, un geógrafo, espía y diplomático escocés, se convirtió en gobernador. Ello puso a su disposición el extraordinario fondo documental conservado en la ciudad, con una riquísima información de más de doscientos años de navegaciones realizadas por los españoles en el Pacífico. Dalrymple debió de prestar especial atención a los informes de navegantes como Fernández de Quirós, que en su travesía por el Pacífico occidental creyó llegar a la Tierra Austral (de norte de Australia). En el siglo XVIII, muchos creían todavía en la existencia de un gran continente en el hemisferio sur del planeta que tan sólo esperaba a que una potencia europea lo conquistara. El propio Dalrymple suponía que la Tierra Austral tendría al menos 7.500 kilómetros de ancho y 50 millones de habitantes y aseguraba que «los restos de su economía bastarían para mantener el poder, el dominio y la soberanía de Gran Bretaña porque darían empleo a todas sus manufacturas y barcos».



Retrato de James Cook. John Webber. 1776. Museo Te Papa Tongarewa, Wellington, Nueva Zelanda


De vuelta a Londres tras la devolución de Manila a España, Dalrymple se apresuró a proponer al Almirantazgo británico, con la ayuda del economista Adam Smith y el científico Benjamin Franklin, una expedición para explorar el Pacífico Sur. El proyecto recibió el respaldo del Almirantazgo y de la Royal Society, la principal institución científica del país, que vio en él una oportunidad para llevar a cabo una misión científica de la que todos hablaban entonces: la observación del tránsito del planeta Venus en algún paraje del Pacífico Sur.

Aunque el Almirantazgo acogió el proyecto de Dalrymple con entusiasmo, pronto se dieron cuenta de que el exgobernador de la saqueada Manila no podía comandar una expedición supuestamente científica a través de los dominios españoles. Se ofreció a Dalrymple un puesto en el buque, alegando que la Armada no podía aceptar un civil al mando de uno de sus barcos, pero el escocés, decepcionado, lo rehusó. En su lugar, las autoridades fijaron su atención en un marino que hasta entonces había desempeñado un papel tan discreto como eficiente. A sus 40 años, James Cook no era aún teniente, ni había conocido los Mares del Sur, ni había comandado un buque, pero en cambio tenía amplios conocimientos de cartografía, no había combatido con los españoles y, antes de entrar en la Armada, había navegado en el tipo de barco que Dalrymple había propuesto para la expedición: un sencillo carbonero. No otra cosa era el célebre Endeavour, un navío de dimensiones modestas –sus apenas 370 toneladas permitían hacerlo pasar por una bark, «chalupa» para los españoles–, pero con gran capacidad en sus almacenes y excepcionalmente estable y resistente.



Retrato de Alexander Dalrymple. Atribuído a John Thomas Seton. 1765. Museo Marítimo Nacional de Escocia. Edimburgo.


Rumbo a la aventura

James Cook quedó al mando de una tripulación de 73 hombres, más doce infantes de marina y diez civiles. La mayoría eran marinos experimentados, como su tercer teniente, John Gore, que ya había dado dos vueltas al mundo, y sus dos maestres, Robert Molineux y Richard Pickersgill. En cuanto a la parte científica de la empresa, la Royal Society propuso a Charles Green, ayudante del astrónomo real, el doctor Bradley, para dirigir las observaciones astronómicas, mientras que la Armada buscó a un joven erudito con quien Cook ya había colaborado: Joseph Banks, quien a su vez se llevó consigo a su amigo Daniel Solander, un notable botánico sueco. El regreso a Inglaterra de la expedición del capitán Wallis sirvió para fijar el que debería ser el primer destino secreto de Cook: la isla de Tahití, descubierta por Wallis en ese viaje, donde deberían hacerse las observaciones astronómicas pertinentes.

El buque, cargado con suministros para los 18 meses que debía durar el viaje, partió de Deptford el 30 de julio de 1768. Allí recibió James Cook en mano las instrucciones secretas que fijaban los objetivos políticos y más reservados del viaje, en concreto la búsqueda de la Tierra Austral a 40° de latitud sur, como establecían los informes españoles, y la toma de posesión de las tierras descubiertas. Esto último se formulaba así: «Con el consentimiento de los nativos, tomar posesión de las ubicaciones en el País, en nombre del Reino de la Gran Bretaña o, si el país está inhabitado, tomar posesión de él para su Majestad levantando los signos e inscripciones adecuados, como primeros descubridores y poseedores».



Réplica del HMS Endeavour construido para el Museo Marítimo Nacional de Australia


Tras una parada en Plymouth, el Endeavour dejaría finalmente Inglaterra el 26 de agosto. En Madeira hicieron una accidentada parada, en la que falleció ahogado un marinero. Al cruzar el ecuador, el 5 de octubre de 1768, se cumplió la tradición de «bautizar» a los marinos –y a otros seres vivos, como perros y gatos– que no hubieran pasado antes la línea ecuatorial, una ceremonia que consistía en atar al bautizado a una polea e izarlo y dejarlo caer tres veces desde la verga mayor. Veintiún miembros de la expedición estaban en ese caso, incluidos Cook y Banks, aunque los viajeros principales evitaron el mal trago a cambio de cierta cantidad de brandy.

Tras hacer escala en Río de Janeiro –donde se ahogó otro marinero– y en las Malvinas, el Endeavour dobló el cabo de Hornos con facilidad gracias a una excepcional fase de buen tiempo y vientos moderados. Sin embargo, los seis días que debieron detenerse en Tierra de Fuego pusieron a prueba su resistencia. Aunque el Almirantazgo los había provisto con equipo específico para el frío –incluidas las llamadas chaquetas magallánicas, hechas con un tejido de lana denominado fearnought–, Banks casi perdió la vida y dos de sus sirvientes negros fallecieron por congelación durante una noche que pasaron en tierra.



En el monte Rotui, en la isla de Moorea, Cook instaló un punto de observación del tránsito de Venus en 1769. Estuvieron presentes el rey de la isla, Tarroa, y su hermana Nuna, atentos a las explicaciones del botánico Joseph Banks.


Tahití, la tierra de Venus

Ya en el océano Pacífico, Cook puso rumbo a Tahití. Este archipiélago de la Polinesia había sido visitado poco antes por Wallis y Bougainville, cosa que los hombres de Cook comprobaron enseguida al ver que los indígenas ostentaban objetos de factura europea, como hachas. A diferencia de Wallis, Cook se atuvo a las instrucciones que lo conminaban a «esforzarse por todos los medios adecuados para cultivar la amistad y alianza con los nativos». Los marinos, por su parte, interpretaron la consigna al pie de la letra y nada más desembarcar quedaron fascinados con la desenvoltura y belleza de las nativas, y pronto entraron en relación con ellas. Temiendo la difusión de enfermedades venéreas, Cook trató de imponerles continencia, aunque sus propias descripciones de las costumbres de los tahitianos indican que no fue indiferente a las tentaciones que se le ofrecían. En cuanto a Banks, evocaría luego en sus relatos la fascinación que sintió al desembarcar en una isla donde «el amor es la principal ocupación».

Por otra parte, los sabios de la expedición hicieron dibujos de la fauna y la flora de la isla y recogieron ejemplares de insectos, plantas y minerales para las colecciones de las academias londinenses. También observaron las costumbres de los indígenas y pronto se dieron cuenta de que no tenían nada de salvajes. Les impresionaron en particular los conocimientos marítimos de los tahitianos, hasta el punto de que les preguntaron sobre el continente austral y convencieron a uno para que se uniese a la expedición y les hiciera de intérprete.



Barcazas de guerra de Tahití. William Hodges. 1972-75. Museo Marítimo Nacional de Greenwich, Londres.


El 13 de julio de 1769, Cook abandonó Tahití y se dispuso a cumplir el siguiente apartado de sus instrucciones: descender hasta los 40° de latitud sur para localizar el continente austral. Una violenta tempestad les hizo temer que perdieran el velamen necesario para volver a Inglaterra; una noche, el dibujante a bordo anotaba que el barco giraba con tanta fuerza que los muebles volaban y ellos mismos temían ser arrancados de los cois, las hamacas en las que descansaban. Pese a ello, en cuanto el tiempo lo permitió Cook reanudó la marcha hacia el sur y el día 8 de octubre, cuando justamente acababan de superar los 40° de latitud sur, divisaron tierra. Era Nueva Zelanda, una tierra descubierta, en su parte occidental, por los holandeses en 1642 y que se pensaba que podía formar parte de la legendaria Tierra Austral.


En busca de un continente mítico

Cook y sus hombres intentaron un desembarco en lo que luego llamarían bahía Pobreza (Poverty Bay), por lo poco que respondió a sus expectativas. A diferencia de Tahití, aquella era una tierra inhóspita y habitada por nativos hostiles. Si Tahití era la isla de Venus, Nueva Zelanda era la región de Marte, el dios de la guerra.

Los encontronazos con sus habitantes se saldaron con varias muertes de éstos, aunque algunos grupos, ablandados con diversos regalos, acabaron mostrándose más receptivos. Tras tomar posesión del territorio –grabando sobre un árbol el nombre del barco y la fecha, y enarbolando a continuación la bandera británica–, Cook pasó los cuatro meses siguientes explorando la zona, lo que le permitió comprobar que Nueva Zelanda no formaba parte de la Tierra Austral, sino que era un sistema de islas.
La búsqueda, pues, debía continuar. El día 31 de marzo, el Endeavour se despidió de Nueva Zelanda y se dirigió al oeste, ciñéndose a los 40° de latitud sur. Pese a los tremendos temporales que se ensañaron con el navío, el 19 de abril de 1770 Cook volvió a ver tierra: se trataba del sureste de Australia, la inmensa costa que holandeses y portugueses habían ya recorrido por el oeste y el sur. Cook comprendió que su búsqueda de la Tierra Austral era vana y que aquel mítico continente no existía, al menos «al norte del grado 40 sur–escribió en su diario de viaje–, pues lo que puede haber al sur de esta latitud yo no lo sé. Lo cierto es que nosotros no vimos nada que pudiera tomarse por un signo de tierra, no más en nuestras rutas hacia el norte que en las que se dirigían hacia el sur».



Páginas del cuaderno de bitácora de la segunda expedición del capitán Cook conservado en el Museo Marítimo Nacional de Australia, Sidney.


El 29 de abril, Cook recaló en lo que primero se llamó puerto de las Rayas (Stingrays Harbour), pero acabó en los mapas como bahía Botánica (Botany Bay), por la cosecha de especímenes animales y vegetales que obtuvieron los científicos del Endeavour. Los aborígenes, sin embargo, rehuyeron todo contacto. Cook prosiguió su travesía por la costa australiana hasta que el 10 de junio la nave se adentró imprudentemente por un arrecife de coral y chocó contra las rocas, que perforaron la quilla. Fue el momento más crítico de la expedición. Todos temieron quedar perdidos para siempre en un lugar expuesto a los temporales y al que nunca acudiría nadie en su ayuda. Sin embargo, un oficial tuvo la idea de coser una gran cantidad de lana, pelo y estopa a una pieza de vela, y se arrastró desde la proa hasta debajo de la nave para tapar la vía de agua y hacer así las reparaciones. Entre tanto, habían debido arrojar al mar buena parte de la artillería, barriles de agua, leña...

Cook aprendió la lección y nunca más volvió a dirigir una expedición de un solo buque. El Endeavour avanzó hasta llegar a la entrada del estrecho de Torres, donde el 22 de agosto de 1770, en un promontorio rocoso llamado isla Posesión, Cook tomó posesión de toda la costa oriental del continente australiano en nombre del rey británico Jorge III, pese a que las instrucciones del Almirantazgo prohibían un acto así tratándose de una tierra habitada y sin haber buscado el consentimiento de la población. Bautizó el territorio con el nombre de Nueva Gales del Sur.



Costas de Marlborough Sounds en Nueva Zelanda


De la gloria a la tragedia

El regreso a Europa fue lento y lleno de penalidades. Hasta ese momento, Cook había logrado conservar sana y salva a la mayor parte de la tripulación, gracias sobre todo a una dieta rica en vegetales que previno el mayor peligro en los largos viajes oceánicos: el escorbuto. Pero la parada en Batavia (la actual capital de Indonesia, Yakarta), una ciudad insalubre que ya había golpeado duramente a la expedición de Wallis, hizo que muchos marinos enfermaran y murieran de malaria y disentería. Tras reanudar la marcha, el Endeavour llegó a duras penas a Ciudad del Cabo el 14 de marzo de 1771, con apenas seis hombres capaces. Cook hubo de enrolar a varios marinos portugueses para poder continuar y alcanzar Inglaterra el 12 de julio de 1771, tras casi tres años de viaje.

La gesta de Cook fue celebrada en Gran Bretaña como un gran triunfo nacional. Lord Sandwich invirtió 6.000 libras (más de lo que costó el Endeavour) para que un escritor de moda, John Hawkesworth, basándose en los diarios del propio Cook, narrara el viaje de éste con tintes épicos, convirtiendo al navegante en un héroe modélico que encarnaba el destino imperial de Gran Bretaña.

Tras el rotundo éxito del viaje del Endeavour, Cook reposó apenas unos pocos meses antes de hacerse a la mar en una segunda expedición. Llevaba un carbonero semejante al Endeavour, el Resolution, aunque esta vez se hizo acompañar por otro navío algo más ligero, el Adventure. Cook se dirigió al Pacífico bordeando África y tras recalar en Nueva Zelanda descendió hasta los 70° de latitud sur, más allá del círculo polar ártico, lo que definitivamente le convenció de la inexistencia de una sola Tierra Austral hasta el polo sur (la Antártida sólo sería divisada en la década de 1820). Un equipo de 16 científicos llevó a cabo investigaciones de mayor amplitud incluso que las del primer viaje. A su vuelta a Inglaterra en 1775, nombrado capitán y elegido miembro de la Royal Society, Cook habría podido gozar de un plácido retiro, pero un año más tarde partía en un nuevo viaje, esta vez con el objetivo de descubrir el paso marítimo entre el Pacífico y el Atlántico por el norte de América. A su paso por Hawái se produjo una escaramuza con los indígenas en la que murieron Cook y cuatro miembros de la tripulación, así como treinta nativos.




Estatua del capitán Cook, obra del escultor inglés Thomas Brock, junto al Arco del Almirantzgo de Londres, Inglaterra


La muerte de Cook

Fue el 17 de enero de 1779 cuando los habitantes de la Big Island divisaron las velas de los barcos del capitán Cook acercándose a la bahía de Kealakekua. Ese mes los nativos celebraban el Makahiki, una festividad en honor a Lono, el dios de la agricultura y la prosperidad. Nunca antes habían visto nada como esas embarcaciones que, sin duda, les parecieron llegadas de otro mundo. ¿Quizás el dios Lono había decidido personarse a su propia fiesta? Algunos botes zarparon de los grandes barcos encaminándose hacia la costa, así que los lugareños salieron a su encuentro y les esperaron en la playa de Napo’opo’o para darles la mejor de las bienvenidas. Al fin y al cabo un dios venido a la tierra se merecía el mejor trato que pudieran dispensarle.

Como era de esperar,  el capitán James Cook y su tripulación no se tomaron la molestia de convencer a los nativos de su origen mundano o, quizás, eran muy inocentes y pensaron que habían tenido la increíble suerte de encontrarse con la más hospitalaria de las tribus del Pacífico. Fuera como fuese, el caso es que durante semanas vivieron a expensas de los hawaianos, disfrutaron de todos los manjares y cuidados que les prodigaron y solo cuando el capitán vio que sus hombres se habían repuesto, dio la orden de zarpar. Sus anfitriones-adoradores debían estar extasiados tras este prolongado contacto con la divinidad, pero aunque tener un dios en casa parezca una pasada, si hay que alimentarlo a él y a todos sus amigos, a la larga se convierte en una carga.

Fue por esto que, cuando unas semanas después vieron que los barcos regresaban, los recibieron con un ambiente bastante frío. El “dios” y su tripulación volvían a puerto tras sufrir un fuerte temporal y una de sus naves venía con el mástil roto. Algo no encajaba. ¿Qué clase de dios no puede arreglar su propio mástil? Cuando un marinero de la tripulación falleció, lo vieron claro: estos tipos blancos se habían hecho pasar por dioses y les habían tomado el pelo. Los ánimos cambiaron radicalmente y empezaron a generarse tensiones a propósito de la comida que estallaron irremediablemente cuando un grupo de locales robó uno de los botes británicos. Para recuperarlo el capitán intentó llevarse como rehén al jefe de la tribu, pero, como era de esperar, eso no sentó demasiado bien. Desafortunadamente el capitán Cook no corrió lo suficiente y fue alcanzado por un nativo que lo cosió a puñaladas. Tanto Cook como el resto de tripulación que no sobrevivió al ataque fue desmembrada, troceada y posteriormente comida por los nativos de las islas Sandwich en un ritual caníbal del que se han vertido ríos de tinta desde su acontecimiento.



Muerte del Capitán Cook. Johann Zoffany. 1779. Museo Marítimo Nacional de Greenwich, Londres, Inglaterra


Este trágico suceso ha sido representado en  incontables ocasiones por artistas prácticamente desde el mismo momento de su muerte. La mayoría de estas pinturas parecen volver al original de John Cleveley, el joven, pintado en 1784, aunque otras versiones, como la de John Webber, se impuso como modelo para posteriores copias. Tales obras fueron reproducidas en la pintura y el grabado en el transcurso de la historia del mundo moderno. El más famoso en cuanto a reproducciones es el que en se encuentra en el Museo de Arte de Honolulu (presuntamente basado en la versión de Cleveley), a menudo representando a Cook como un pacificador, tratando de detener la lucha entre sus marineros y los hawaianos nativos, que habían presentado combate tras la captura de su rey en manos de los británicos.



Versión de la muerte de Cook de 1790


Puedes escuchar un reportaje sobre la muerte de Cook del programa La Ventana de la cadena Ser en el siguiente audio o clicando AQUÍ.



Esos cuchillazos pusieron fin a la vida de uno de los mayores exploradores del siglo XVIII. A lo largo de sus expediciones cartografió la costa de Nueva Zelanda y demostró que, en efecto, se trataba de una isla y no formaba parte de ningún continente tal y como se creía en la época, exploró la costa este de Australia e izó allí la bandera británica, demostró que no existía ningún continente austral e incluso llegó a Alaska y al estrecho de Bering.




Los ‘souvenirs’ del capitán

En sus tres expediciones, Cook y los científicos que lo acompañaron recogieron infinidad de objetos de los pueblos con los que entraron en contacto. A menudo se trataba de regalos de los jefes nativos como signo de amistad y bienvenida.

Por ejemplo, el cirujano del Endeavour, William Monkhouse, explicaba que a su llegada a Tahití «muy pronto empezó un tráfico de personas a nuestra cubierta [...] dando a cambio sus remos y apenas se quedaron con un número suficiente para remar a la orilla». Todos estos objetos se exponen hoy día en diversos museos de Europa, Oceanía y América.

Cabeza de animal

Máscara de lobo usada en rituales de la isla de Nutka. Este animal se consideraba el Señor de los Muertos y aparece en diversos relatos. Museo Etnográfico, Berlín.




Figura de foca

Representación en madera con forma de foca, realizado por los inuit, un pueblo de Alaska relacionado con los esquimales. Museo Británico.




Figura de Cook

Pequeña figura en madera de James Cook visto por los indígenas maorís de las Islas Cook. Museo de Arte de Glasgow, Escocia.



Tocado de plumas (mahiole)

El casco de plumas o tocado mahiole era utilizado por las clases altas en las ceremonias de la isla de Hawai. Los más antiguos eran de paja y Cook trajo a Europa varios de estos sombreros rituales.




Armadura

Traída en el tercer viaje de Cook, esta armadura de madera, decorada con rostros humanos, procede de la costa noroeste de Norteamérica. Museo de Arqueología, Cambridge.









Bibliografía y documentación:


  • La costa fatídica. La epopeya de la fundación de Australia. R. Hughes. Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2002.
  • Viaje hacia el polo sur y alrededor del mundo James Cook. Espasa, Madrid, 2012.
  • Texto de José María Lancho aparecido en el número 152 de la Revista Historia National Geographic. 2006.
  • www.nuestrodiariodeaventuras.com
  • Wikipedia



jueves, 15 de junio de 2017

Personajes 2.0 | Alexander Selkirk, el verdadero Robinson



PERSONAJES 2.0

Alexander Selkirk,  el verdadero Robinson


Ilustración de N.C. Wyeth para la edición de 1920 de la novela Robinson Crusoe. similar a la descripción que Rogers hizo de Selkirk. 


En 1704, un corsario escocés fue abandonado por sus compañeros en una isla deshabitada del Pacífico. Rescatado cuatro años después, su peripecia inspiró el Robinson Crusoe de Daniel Defoe. 

Cuando en de febrero de 1709 el corsario Woodes Rogers fondeó sus dos barcos, Duke y Duchess, en una de las islas deshabitadas del archipiélago Juan Fernández, a 670 kilómetros de la costa de Chile, se encontró con un hecho incomprensible: un fuego ardía en la playa. Al día siguiente surgió del bosque un hombre que vestía con pieles de cabra, iba descalzo y empuñaba un viejo mosquete oxidado. Una extraña sonrisa de alivio se intuía bajo su larga y enmarañada barba. Se llamaba Alexander Selkirk y llevaba cuatro años y cuatro meses en la soledad más atroz. Su historia, junto con la de otros náufragos, inspiraría a Daniel Defoe su obra maestra, Robinson Crusoe.

Alexander Selkirk nació en 1676 en Escocia, en una familia de curtidores. Inquieto y problemático, se hizo marinero y en 1703 embarcó en la misión capitaneada por William Dampier, quien, al frente de dos buques corsarios, iba a atacar las colonias españolas en América para enriquecerse. La expedición traspasó con dificultades el cabo de Hornos, remontó la costa del Pacífico y sitió la ciudad minera de Santa María en Panamá. La mala alimentación y las enfermedades que sufrían los marineros llevaron a enfrentamientos con los oficiales.

Separación y abandono 

Tras casi un año navegando con un escaso botín, los dos barcos corsarios decidieron separarse después de un ataque fallido a dos mercantes en el que las naves inglesas sufrieron algunos desperfectos. Selkirk se quedó en el Cinque Ports, capitaneado por Thomas Stradling, que puso proa hacia el archipiélago de Juan Fernández. En la isla de Más a Tierra se proveyeron de agua y alimentos frescos, pero el capitán no quiso reparar el barco, algo que Selkirk creía imprescindible.

En la disputa que estalló a continuación, Selkirk acabó diciendo que prefería quedarse allí que hacerse a la mar en un barco en esas condiciones. Stradling, contento de librarse de alguien problemático, le tomó la palabra y, a pesar de las súplicas del escocés, lo abandonó en esa escarpada e inhóspita isla con un mosquete, una libra de pólvora, un hacha, un cuchillo, una cazuela, una Biblia, ropa y unos pocos instrumentos de navegación. En realidad, y aunque él no lo supiera, Selkirk fue afortunado, puesto que el Cinque Ports naufragó un mes más tarde y los pocos supervivientes fueron apresados por los españoles. El propio Stradling pasó cuatro años en condiciones penosas en una cárcel de Lima antes de regresar a Inglaterra, enfermo y sin un penique.


          
Grabados del siglo XIX con representaciones de la estancia de Selkirk en la isla, haciendo señales de luz y humo y leyendo la Biblia. 


Un salvaje con piel de cabra

Cuando llegó a la isla de Más a Tierra, el corsario Woodes Rogers vio aparecer ante sí «un hombre vestido con pieles de cabra, que parecía más salvaje que las dueñas originales de las mismas». Era Selkirk, quien «corría con una maravillosa rapidez» para cazar cabras y gozaba de una excelente forma física fruto de «su manera de vivir». Su obligada abstinencia de alcohol y su alimentación beneficiaron su salud. La comida que preparaba -a base de carne de cabra y verduras-, junto con «la bondad del aire», hicieron que los enfermos de la expedición de Rogers «se recuperaran muy rápido del escorbuto».

Los primeros ocho meses fueron los peores para Selkirk: «Tuvo que luchar contra la melancolía y el terror de quedarse solo en un lugar tan desolado», según le contó a su rescatador, Woodes Rogers. Permaneció junto a la playa esperando otear de un momento a otro una vela amiga en el horizonte y se alimentó de crustáceos, moluscos y tortugas marinas. «Al principio, no comía nada hasta que el hambre lo obligaba; ni se acostaba hasta que ya no podía más de cansancio», dejó escrito Rogers.


Woodes Rogers recibe un mapa de la isla de Nueva Providencia de su hijo, en una pintura de William Hogarth de 1729 conservada en el Museo Marítimo Nacional de Londres, Inglaterra.

Cabras, gatos y ratas

Al llegar la época de apareamiento de los leones marinos, la playa se llenó de agresivos machos y Selkirk se adentró en la isla. Fue entonces cuando su situación mejoró. En el interior encontró cabras, introducidas por los españoles, fáciles de cazar y con las que hacía «muy buen caldo». Nabos, hojas de salvaje y otros vegetales complementaron su dieta. Asimismo, construyó un par de cabañas con la madera del árbol de pimienta: una para descansar y la otra para cocinar. Las ratas fueron al principio un tormento, especialmente de noche, ya que «roían sus pies mientras dormía»; así que amansó algunos gatos que las mantuvieron alejadas. Aprendió a sobrevivir con recursos limitados: cuando la pólvora escaseó empezó a cazar las cabras a la carrera (unas 500, según sus cuentas) y cuando sus ropas eran ya un amasijo de jirones, las sustituyó por prendas de piel que había tratado gracias a las lecciones aprendidas de su padre, curtidor.

Fabricó algunos cuchillos con los anillos de hierro de un barril abandonado, picando y afilando el metal contra las rocas. Durante estos más de cuatro años —y a diferencia de la novela de Defoe, donde Robinson encuentra al «salvaje» Viernes—, no tuvo un compañero de fatigas que pudiera mitigar su soledad. Selkirk pasaba los ratos grabando su nombre en los árboles, domesticando cabritos que le hacían compañía o leyendo la Biblia en voz alta para no volverse loco. «Durante su estancia en la isla vio pasar varios barcos», pero sólo dos navíos españoles fondearon en la bahía y Selkirk tuvo que esconderse porque, como escocés y con pasado pirata, hubiera sido apresado y obligado a trabajar en las minas. De hecho, los españoles lo descubrieron y «le dispararon y persiguieron» en la espesura del bosque, pero no consiguieron capturarlo y se marcharon por donde habían venido tras «cazar varias cabras».

En 1709, cuando Rogers llegó a la isla, su expedición encontró un hombre que «había olvidado su idioma hasta tal punto que apenas podíamos entenderlo». Selkirk no pudo probar el licor o la comida ni volver a llevar zapatos sobre sus pies callosos hasta meses después. Rogers decidió enrolarlo como segundo oficial, y el Duke y el Duchess partieron para remontar la costa del Pacífico, atacaron Guayaquil y en la costa de México capturaron el galeón Nuestra Señora de la Encarnación y Desengaño, que les reportó un gran botín. Tras una estancia en las Indias Orientales Holandesas, la expedición dobló el cabo de Buena Esperanza y llegó a Inglaterra elide octubre de 1711.


La bahía de Cumberland, el la isla Más a Tierra (actual isla Robinson Crusoe), fue el punto exacto donde fue abandonado Alexander Selkirk en 1704.

El relato de un náufrago 

Aquel mismo año apareció el primer relato en el que se mencionaba a Selkirk: el recuento del oficial del Duchess Edward Cooke, A Voyage tu the South Sea, y en 1713 llegó un artículo sobre él en el periódico The Englishman. Mientras tanto, en 1712, el propio Selkirk declaró ante un tribunal sobre su viaje en el Cinque Ports y se publicó el libro que tuvo más influencia en su posterior fama: A Cruising Voyage Round the World, de Woodes Rogers, que debió de leer Defoe. Selkirk gozó entonces de un reconocimiento pasajero, pero no se adaptó del todo a la civilización y se vio envuelto en peleas y altercados por culpa de la bebida. Pocos meses después volvió a Escocia sin haber cobrado su parte del botín. En 1717 regresó a Londres y se alistó en la Royal Navy. En 1721 falleció de fiebre amarilla a bordo del HMS Weymouth, un barco que controlaba el pirateo por las costas de Ghana, y fue sepultado en el mar. Tras su muerte aparecieron dos mujeres que decían ser sus esposas, blandiendo sendos testamentos a su favor y disputándose sus bienes. Las había engañado a ambas.

El mayor reconocimiento a la aventura de Selkirk había llegado dos años antes, con la publicación de la novela Robinson Crusoe. Los especialistas aseguran que Defoe no se inspiró sólo en él, y que se fijó más en otros náufragos conocidos en la época, como Robert Knox, que pasó veinte años en Sri Lanka entre indígenas, o Henry Pitman, huido de una colonia penal caribeña. Pero la primera edición del libro de Defoe muestra hasta qué punto Selkirk estaba en la mente de los editores y lectores del momento: la figura de Crusoe que ilustra la portada sigue la descripción que Rogers hizo de Selkirk. La persona terminó por difuminarse en el personaje, y dos siglos después Chile rebautizó las dos islas del archipiélago Juan Fernández: Más a Tierra, que fue el refugio de Alexander Selkirk, pasó a llamarse Robinson Crusoe para atraer el turismo; y a la isla Más Afuera se la llamó Alejandro Selkirk, a pesar de que el marino escocés nunca la pisó.


Escultura y placa honorífica a Alexander Selkirk en un edificio de Lower Largo, Escocia, lugar donde nació.

El creador del mito

Daniel Defoe dedicó su vida al comercio y a la escritura, sobre todo de panfletos de agitación política los cuales le llevaron a ser detenido varias veces. Probó fortuna en muchos negocios y se enriqueció y arruinó varias veces, «Trece veces he sido rico y pobre», explicaba de sí mismo, pero fue en el género literario donde Defoe destacó de una manera tan brillante que hoy es considerado el padre de todos los novelistas ingleses y su obra más importante, Robinson Crusoe, la primera novela inglesa.

Desde su publicación en 1719, el éxito de la novela fue inmediato y universal, considerada desde entonces la novela inglesa más popular de todos los tiempos y el segundo libro más leído después de la Biblia. A finales del siglo XIX ningún otro libro en la historia de la literatura occidental tenía más ediciones, traducciones e imitaciones que Robinson Crusoe, con más de 700 reimpresiones, traducciones e imitaciones.




Ilustraciones de un maestro

De todos los artistas que han ilustrado las sucesivas y casi incontables reediciones de Robinson Crusoe a lo largo del tiempo destaca por encima de todos el de Newell Convers Wyeth, el artista estadounidense famoso por su trabajo en la primera edición ilustrada de La Isla del Tesoro de R.L. Stevenson, publicada en 1911. Fue discipulo Howard Pyle, uno de los mejores artistas e ilustradores de los Estados Unidos y creador de la estética del pirata moderno, el cual fundaría la Escuela de Brandywine donde Wyeth aprendería la técnica y continuaría desarrollando el estilo característico con series de ilustraciones para otros muchos clásicos de aventuras como Robinson Crusoe en 1920, pero también Robin Hood (1917), El último Mohicano (1919) o Los caballeros del Rey Arturo (1922).





Una leyenda española

Desde los primeros viajes trasatlánticos hasta el desarrollo definitivo de las rutas marítimas hacia el nuevo mundo, los naufragios y barcos hundidos durante aquellas travesías se contaban por miles ya desde comienzos del siglo XVIII. Las narraciones e historias sobre aquellos trágicos hechos se extendía por toda Europa eran fuente de atención desde los despachos de Sevilla hasta las tabernas de Londres. España no fue una excepción y miles de hombres valientes y marineros intrépidos descansan bajo el mar, pero no todos encontraban la muerte después de ver hundirse su barco. Pedro Serrano fue un capitán español que en 1526 sobrevivió, junto con otro compañero, al naufragio de un patache español en un banco de arena del Mar Caribe, llamado ahora Banco Serrana en su honor, situado a 130 millas náuticas de las islas de San Andrés, en territorio colombiano. Finalmente, de los dos náufragos, tan sólo Pedro Serrano llegó a ser rescatado en 1534, 8 años después del naufragio.

Como hombre de negocios, Daniel Defoe recorrió Europa antes de escribir su famosa novela en 1719 y visitó España en calidad de representante de bodegas inglesas. Estos viajes le dieron la oportunidad de conocer con detalle la historia de Pedro Serrano, que todavía casi dos siglos después seguía siendo recordada. Su estancia documentada en Sevilla pudo servirle para hacerse eco de esta historia y tomar las anotaciones que junto a las situaciones vividas por Selkirk, posterior a Serrano, le llevarían a escribir su novela.


          
Mapa de la localización y fotografía aérea del banco de arena en el que Serrano pasó ocho años tras un naufragio.


Texto adaptado de un original del
historiador Jordi Canal-Soler aparecido en la revista
‘Historia National Geographic’ Nº160