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miércoles, 18 de abril de 2018

San Jorge y el dragón | Bernat Martorell | 1434-1435 | Art Institute of Chicago | EE.UU.




SAN JORGE Y EL DRAGÓN

Bernat Martorell | 1434-1435 | Art Institute of Chicago | EE.UU.




En el siglo XV, la capilla del palacio de la Generalitat en Barcelona estaba presidida por un espectacular retablo de Bernat Martorell que recreaba la mítica lucha de san Jorge, héroe de la cristiandad, contra un terrible dragón. 




Hacia 1434, Bernat Martorell pintaba una de las obras cumbre de su carrera, el Retablo de san Jorge, para la capilla del palacio de la Generalitat de Barcelona. Nacido aproximadamente en 1390, hijo de un carnicero de Sant Celoni, Bernat Martorell dominó el panorama artístico catalán del segundo cuarto del siglo XV desde su taller en la barcelonesa calle Regomir.

San Jorge, legendario mártir que habría vivido y luchado en la Capadocia del siglo IV, estuvo al principio ligado a la nobleza y la monarquía, que se identificaban con su condición de caballero. En el siglo XV, sin embargo, la Generalitat catalana (una institución formada por diputados de los estamentos de la sociedad de la época: clero, nobleza y burguesía) lo adoptó como patrón e impulsó la fiesta en su honor. Parece que los diputados quisieron contar con el mejor pintor del momento y dedicaron notables recursos a la obra, importando desde Flandes la costosa madera de roble.




Lección de heroísmo 

El retablo se componía de una predela o base que sustentaba cinco compartimientos —hoy dispersos en varios museos— decorados con otras tantas escenas. El central (en Chicago) resume la lucha del santo y el dragón, mientras que las cuatro escenas laterales (en el Louvre) narran sus martirios y su muer-te. Una tabla con la Virgen y el Niño (en Filadelfia), rodeados de virtudes, debía coronar la calle central. El retablo instaba a los diputados a gobernar con rectitud inspirándose en el comportamiento heroico de su patrón y en la Virgen.

La tabla central es una de las obras maestras de Martorell. Domina la escena san Jorge, a caballo, con armadura completa o «arnés blanco», preparándose para atravesar con su lanza al dragón. La fiera, amenazante, muestra garras y dientes, mientras bate sus alas de murciélago. La princesa reza sobre la colina donde habita el monstruo, y en las murallas del castillo una multitud de cortesanos asiste al combate, presidido por los reyes desde un balcón ricamente ornado. Pese a la ferocidad de la lucha y a los huesos de las víctimas del monstruo que siembran el primer término, la escena se enmarca en un paisaje de plácida belleza, bajo un cielo azul. Unos cisnes nadan en el foso que rodea el castillo y unos campesinos transitan los fértiles huertos y campos de cultivo. Destaca el blanco del caballo, así como el delicado rosa pastel, aplicado con pequeños toques «puntillistas», de las ropas de la princesa. Para dar relieve y realismo al dragón y a la armadura del santo, el artista ha usado pasta de yeso, pintada y dorada, un recurso habitual en la época, aunque raramente empleado de manera tan original como aquí. 


                                        


Una obra dispersa. 

A mediados del siglo XIX, el retablo pertenecía a los Rocabruna, barones de Albi. La tabla central fue comprada por el industrial estadounidense Charles Deering y donada después al Instituto de Arte de Chicago. Las laterales, adquiridas en Barcelona por el anticuario Celestino Dupont, serían vendidas en 1900 a Théophile Belin e ingresaron en el parisino Museo del Louvre en 1905.






BIBLIOGRAFÍA Y DOCUMENTACIÓN:

  •          Guadaria Macias Prieto (Universidad de Barcelona) (Historia National Geographic, Nº 172)


OTRAS IMÁGENES:


                                        


                                        



OTROS VÍDEOS RELACIONADOS:


                    



lunes, 11 de diciembre de 2017

Archivo | ¿Qué son las obras de Sijena?

ACTUALIDAD

¿Qué son las obras de Sijena?




Se trata de 44 piezas entre las que figuran las cajas sepulcrales de tres prioras del cenobio del siglo XV.


Sepulcros del siglo XV únicos en el mundo, esculturas de alabastro de Gabriel Joly o tablas policromadas con más de tres siglos de antigüedad son parte de la historia de Aragón que guardaba el Monasterio de Sijena y fueron vendidos a Cataluña y que, ahora, vuelven a su lugar de origen.

El conflicto se remonta a los años 80 y 90 del siglo pasado, cuando las hermanas sanjuanistas de la Orden de Malta, propietarias del cenobio, vendieron 97 obras de arte religioso del Monasterio de Sijena a la Generalitat de Cataluña.

La Generalitat entregó en juliode 2016 una parte de esos objetos y hoy ha comenzado la devolución de las 44 piezas del patrimonio del Monasterio de Sijena (Huesca) depositadas en el Museo de Lleida a Aragón, en cumplimiento de la providencia del Juzgado de Primera Instancia número 1 de Huesca.


                                        


Se trata de 44 piezas entre las que figuran las cajas sepulcrales de tres prioras del cenobio del siglo XV, únicas en el mundo, además de seis altorrelieves de alabastro obra del escultor francés Gabriel Joly y datados en 1529-1530, y otras siete figuras de alabastro atribuidas al mismo artista.

Hay asimismo cuatro tablas policromadas del siglo XVIII de Santa Rosa de Lima, Santa Ubaldesca, Santa Teresa y Santa Clara, varias pinturas sobre tela de una serie del siglo XVIII sobre la historia del Rey David y catorce pinturas sobre tela de entre los siglos XVI y XVIII.

Las obras más relevantes se encuentran en el Museo Diocesano de Lleida, que expone las tres cajas sepulcrales y cuatro relieves de alabastro, mientras que la mayoría de los objetos estaban en los almacenes de esta institución.


                                        


La relación de los bienes de Sijena que se detalla en la sentencia 48/2015 de 8 de abril del juzgado de primera instancia e instrucción de Huesca, algunas de las cuales pueden consultarse en la página web del Museo Diocesano de Lleida, es la siguiente:

1.- Caja sepulcral de madera pintada de Sor Isabel de Aragón, atribuida al taller de Blasco de Grañén, datada en torno a 1434.
2.- Caja sepulcral de madera pintada de Sor Beatriz Cornel, datada en la segunda mitad del siglo XV.
3.- Caja sepulcral de madera pintada de la Priora de Sijena, Sor Francisquina d'Erill y de Castro, atribuida a Miguel Ximénez, datada en torno a 1494.
4.- Banco o predela en madera pintada del retablo de la Piedad con los Siete Gozos de la Madre de Dios, atribuido al Maestro de Sijena, datado en el siglo XVI. Mide 66 x 345 cms.
5.- Santa Rosa de Lima: tabla policromada, datada en el siglo XVIII.
6.- Santa Ubaldesca o Gertrudis: tabla policromada, datada en el siglo XVIII.
7.- Santa Teresa de Jesús: tabla policromada, datada en el siglo XVIII.
8.- Santa Clara: tabla policromada, datada en el siglo XVIII.
9.- Remate con escudo en madera tallada y pintada del retablo de la Piedad, atribuido al Maestro de Sijena, datado en el siglo XVI.
10/16- Conjunto de siete pinturas sobre tela pertenecientes a la serie sobre la historia del rey David, datada en el siglo XVIII: "Saúl intenta matar a David"; "El ángel detiene la peste de Jerusalén"; "David es ungido rey por Samuel"; "Regreso de David después de la batalla contra Goliat"; "David corta la orla del manto de Saúl"; "David traslada el Arca de la Alianza"; y "David mata a un león".
17.- Ecce Homo: pintura sobre tela atribuida a un pintor anónimo aragonés, datada en la primera mitad del siglo XVII.
18.- Cristo en la cruz o Crucifixión: pintura sobre tela, datada a finales del siglo XVII y con unas dimensiones de 108 x 95 cm.
19.- Aparición de Nuestra Señora del Coro en Sijena: pintura sobre tela, datada en la segunda mitad del siglo XVIII.
20.- La Princesa Dulce o Infanta Dulce de Sijena: pintura sobre tela, datada el siglo XVIII.
21.- Jesús con la cruz a cuestas o Nazareno: pintura sobre tela atribuida a un pintor anónimo aragonés, datada en los siglos XVII-XVIII.
22. -La Dolorosa o Virgen de la Soledad: pintura sobre tela, datada en la primera mitad del siglo XVII.
23.- San José y el Niño: pintura sobre tela atribuida a un pintor anónimo aragonés, datada en los siglos XVII-XVIII.
24.- Crucifixión o Martirio de San Pedro: pintura sobre tela, datada en el siglo XVII.
25.- Aparición de la Virgen del Pilar a Santiago: pintura sobre tela, datada en la segunda mitad del siglo XVIII y con unas dimensiones de 123 X 110 cm.
26.- La Inmaculada Concepción: pintura sobre tela, datada en el siglo XVIII.
27.- Martirio de San Mamés de Cesarea: pintura sobre tela atribuida a un pintor anónimo aragonés, datada en la primera mitad del siglo XVIII.
28.- La Inmaculada Concepción con atributos marianos: pintura sobre tela, datada en el siglo XVIII.
29.- El Buen Pastor, Santo Mártir o Sueño de Jacob: pintura sobre tela, datada en el siglo XVII.
30.- Santa Ubaldesca o Santa Gertrudis con el Niño Jesús: pintura sobre tabla, datada en torno a 1593-1608.
31.- La adoración de los pastores o Nacimiento: altorrelieve en alabastro procedente del retablo de Jesús, atribuido a Gabriel Joly, datado en torno a 1529-1530 y con unas dimensiones de 37 x 65 cm.
32/35.- Cuatro altorrelieves en alabastro procedentes del retablo de Santa Ana atribuidos a Gabriel Joly y datados en torno a 1529-1530: "Nacimiento de la Virgen María"; "Esponsales de la Virgen María y San José"; "Santa Ana, la Virgen María y Jesús o Santa Generación"; y "Dios Padre con Jesús muerto o Commiseratio Patris".
36.- Fragmentos de la escena de Jesús entre los Doctores: fragmentos de altorrelieve en alabastro procedentes del retablo de la Infancia de Jesús, atribuido a Gabriel Joly, datado en torno a 1529-1530.
37.- Figura exenta de San Juan Bautista: fragmento de figura tallada en alabastro, calcinada, procedente del retablo de la Infancia de Jesús, atribuido a Gabriel Joly, datado en torno a 1529-1530.
38.- Piedad con otras figuras o Llanto por Cristo muerto: conjunto tallado en alabastro, muy calcinado, procedente también del retablo de la Infancia de Jesús.
39/41.- Tres figuras talladas en alabastro, calcinadas, procedentes del retablo de la Infancia de Jesús de Gabriel Joly: "San Jerónimo" (figura mutilada); "San Juan Bautista" (también mutilada) y "San Agustín o San Gabriel" (figura decapitada).
42/44.- Fragmentos de figuras talladas en alabastro, calcinados y, probablemente, procedentes del retablo de la Infancia de Jesús atribuido a Joly: "Manos"; "Torso de San Juan Evangelista"; "Cabeza de San Cristóbal".


                        


Fuente: Agencia Efe / Madrid (11.12.2017)

¿Qué te parece esta noticia? ¿Se trata de una orden judicial sin conexiones políticas como asegura unos o, por otro lado, es un saqueo patrimonial como lo califican otros?

Aquí os dejamos algunos vídeos relacionados con la noticia.


                                        


miércoles, 27 de septiembre de 2017

Los Castillos de Drácula




ESPECIAL HALLOWEEN 

LOS CASTILLOS DE DRÁCULA




Castillos de cuento, fortalezas medievales y ruinas románticas son algunos de los escenarios de una ruta de película que mezcla lo real y lo fantástico. Un viaje por la Europa más misteriosa tras los pasos reales y míticos de Vlad Drácula.




Después de la caída de Constantinopla en 1453 el Imperio Otomano atravesó los Balcanes dispuesto a acabar con la Europa Cristiana del siglo XV pero en su asalto se topó con el muro infranqueable del reino de Valaquia y la resistencia feroz de su monarca, el príncipe Vlad Draculea, el hijo del dragón, que impidió la expansión turca resistiendo casi 50 años en la última frontera de la cristiandad en Occidente.

Vlad III de Valaquia gobernó con mano de hierro la región de Transilvania y su reinado ha pasado a la historia por los crueles métodos de tortura que aplicó a sus enemigos. Este monarca fue conocido en su tiempo por los bosques de empalados que dejaba tras su paso y que le valieron el sobrenombre de Vlad ‘Tepes’, el empalador. Tales atrocidades lo convirtieron en un soberano sanguinario y un completo demonio para sus enemigos pero también un héroe para sus compatriotas.

Siglos después, el escritor irlandés Bram Stoker tomará la figura histórica del voivoda y la convertirá en el vampiro más famoso de la literatura en su novela de terror ‘Drácula’ de 1897. Desde entonces el interés por este personaje no ha hecho más que crecer y la asociación con los no muertos ha continuado en películas, sagas literarias, series de televisión y hasta composiciones musicales que han renovado el mito del vampiro hasta convertirlo en uno de los iconos del terror universal.


                                        


Al contrario que los bebedores de sangre, lo que no son un mito son los escenarios, castillos y fortalezas medievales que inspiraron a los escritores y cineastas a crear todas estas historias. Una serie de antiguas construcciones que se han convertido en las protagonistas de un curioso itinerario conocido como la ruta de Drácula y que desde la cordillera de los Cárpatos hasta Inglaterra recorren cada año miles de turistas atraídos por la leyenda del vampiro.





1. Castillo de Bran. XV. Brasov. Transilvania. Rumanía

Cuando Bram Stoker se documentó para escribir su famosa novela ‘Drácula’ en 1897 encontró en la figura de Vlad Tepes el referente histórico ideal para su relato de terror y en el Castillo de Bran, en la vieja e inhóspita Transilvania, el escenario perfecto donde alojar al vampiro por excelencia del cine y la literaura. Desde entonces es oficialmente reconocido como el castillo de Drácula pero la realidad sobre esta construcción es muy distinta y la aleja por completo del mito vampírico.

Situado sobre una roca a 60 metros de altura, el Castillo de Bran se alza sobre el pequeño pueblo que le da nombre, a unos 50 kilómetros de Brasov, en la región de Transilvania, Rumanía. Está situado en la garganta de Bran-Rucar, la antigua ruta comercial y estratégica entre Transilvania y Valaquia. Pese a no destacar por su relevancia histórica o su destreza arquitectónica, el Castillo de Bran es el segundo edificio más visitado de Rumanía con más de medio millón de visitas anuales.

Las primeras referencias lo describen como un antiguo puesto defensivo construido por los caballeros teutónicos en el siglo XIII y reconstruido por Mircea el Viejo, abuelo de Vlad Tepes,  tras derrotar a los turcos en el siglo XIV. En plena expansión de la arquitectura gótica, este monarca  lo convirtió en una fortaleza residencial con estancias, patio de armas, foso, mazmorras, torres de vigilancia y hasta pasadizos subterráneos. Tales reformas la convirtieron en la fortaleza más segura de la frontera entre Transilvania y Valaquia pero ningún dato certifica la presencia de su nieto Vlad III en ningún momento.


                                        


Su altísima torre almenada apenas presenta ventanas y arranca del mismo borde de la peña, de forma que todo intento de ataque estaba condenado al fracaso. La vocación defensiva se repite en el sugerente e inspirador patio interior, cuya fuente esconde un laberinto de pasajes subterráneos.

Su aspecto actual nada tiene que ver con el que presentara en el siglo XV y es el resultado de diferentes reformas y ampliaciones llevadas a cabo a partir de los siglos XIX y XX, momento en que fue reconvertida en residencia de verano de la monarquía rumana.

Para compensar la austeridad del edificio, los lujosos salones, decorados con muebles importados de Europa occidental por la reina María, se comunican por estrechas escaleras de caracol, como las que uno imagina que debe tener un castillo de época.


                                        


Su fama internacional comienza a finales del XIX cuando el novelista irlandés Bram Stoker atraído por los relatos de fantasmas y leyendas centroeuropeas, historias que encandilaban las veladas nocturnas de los círculos literarios del Londres victoriano, publicaba la novela romántica más leída de la historia: Drácula. El relato situaba la morada del vampiro en este enclave y su popularidad se extendió a todo el mundo tras ser llevada al cine por Tod Browing en 1931.

En la actualidad el Castillo de Bran  se ha convertido en la segunda atracción más visitada de Rumanía y un destino obligatorio para amantes de la literatura romántica y el fenómeno vampírico que genera anualmente más de medio millón de visitas.

Como dato curioso, el castillo se puso a la venta tras ser adquirido por dependencias privadas y es la segunda vivienda más cara del mundo con un valor de 140 millones de euros.




Pero siendo fieles a la historia real del personaje, si de verdad queremos seguir las huellas de Vlad Tepes deberemos viajar 150 kilómetros al noroeste de Bucarest hasta el collado de Arges donde se encuentran las ruinas del castillo de Poenari, la auténtica morada del príncipe valaco, el verdadero castillo de Drácula.





2. Castillo de Poenari. XV. Brasov. Transilvania. Rumanía

El castillo o ciudadela de Poenari es una fortaleza del siglo XV en actual estado de ruinas construida sobre el monte Poenari, en la región rumana de Curtea de Arges. Es considerado como el auténtico Castillo de Drácula ya que fue la residencia del monarca que inspiró a Bram Stoker a escribir su famosa novela.

Cuando el príncipe Vlad III llegó hasta el collado de Arges en 1459 decidió rehabilitar la antigua torre vigía del siglo XIII y convertirla en su residencia oficial y centro militar. El lugar elegido se situaba en la cima de un acantilado a 500 metros sobre el rio Arges y supondría el bastión más importante del reino de Valaquia pero también el baluarte del cristianismo en la frontera con el imperio turco.

El monarca levantó a continuación una ciudadela que cubriría toda la cima del monte Poenari con casi 50 metros de longitud, añadió nuevas torres de vigilancia y la rodeó con muros de tres metros de grosor, elementos que la hacían prácticamente inexpugnable a cualquier ataque. El enclave ofrecía además una enorme seguridad y el control de un paso fronterizo estratégico entre las montañas. Al sur, las tierras de Vlad, Valaquia y de igual importancia al norte, Transilvania, en tierras sajonas donde disponía de dos castillos más.


                                        


Con una planta necesariamente poligonal, la ciudadela contaba con una torre de la pólvora y tres torres centinelas, todas techadas, más una terraza almenada que serviría de baluarte.  Sus muros fueron fabricados con ladrillo rojo sobre una base de piedra gris, lo que le da ese aspecto exterior de dos tonos.

Las crónicas que narran la vida de Vlad III señalan como en este castillo se vivieron los acontecimientos más trágicos y sangrientos del monarca como el suicidio de su esposa desde lo alto de la torre de la pólvora, la vez que ordenó clavar los turbantes de dos emisarios turcos y por encima de todos la ejecución de 20.000 hombres ensartados en estacas de roble, una acción por la que sería renombrado como Vlad Tepes, el empalador.

Su práctica de empalar a todo enemigo viviente cobró durante los años que habitó este castillo su grado más alto de sadismo y crueldad generando todo un bosque de empalados alrededor de la fortaleza, una visión abominable que haría retroceder a cualquier ejército fuera turco o boyardo.  Además, debemos añadir que su construcción fue llevada a cabo por los nobles esclavizados de la ciudad de Tirgoviste que sobrevivieron a una de sus matanzas más recordadas.


                                        


Tras la muerte de Tepes, la ciudadela fue habitada durante un tiempo pero finalmente acabó abandonada durante siglos hasta que a finales del siglo XX fue rehabilitada y abierta al público. Como contrapunto a su pasado trágico, desde esta cima pueden verse los frondosos bosques que lo rodean y contemplar uno de los paisajes más bellos de Europa. Eso sí, para ello deberemos subir los 1480 escalones que cuenta la escalera de acceso al recinto.




La ruta de los castillos de Drácula continúa a través de los Cárpatos hasta llegar a la región de Hunedoara, al oeste de Rumanía, donde nos espera una de las fortalezas medievales mejor conservadas de Europa Central.







3. Castillo de Corvin. XV. Brasov. Transilvania. Rumanía

El Castillo de Hunyad, también llamado Castillo de Corvin, es una fortaleza de origen medieval situada en la ciudad transilvana de Hunedoara, Rumanía. Su construcción data de época gótica pero sus añadidos renacentistas, barrocos y la restauración a la que fue sometida en el siglo XX son las que le otorgan su imagen actual. Todo un conjunto de elementos arquitectónicos y artísticos que lo han convertido en uno de los castillos más importantes de Rumanía y también uno de los más bellos de Europa.

Fue construido en 1446 bajo las órdenes del Conde Juan Hunyadi, voivoda de Transilvania, sobre un antiguo emplazamiento militar a orillas del río Zlasti. El castillo es un edificio que destaca por sus grandes proporciones, sus fuertes torres, muros abalconados y,  por encima de todo, por el prominente puente de madera y grandes pilares de piedra que dan acceso a la fortaleza.

Su interior alberga más de 40 cámaras entre estancias, salones, galerías, dormitorios, fortines y mazmorras que se reparten en dos niveles. La decoración es en su mayoría de finales del siglo XIX cuando fue llevada a cabo su última restauración.


                                        


Este castillo es conocido históricamente por albergar en sus mazmorras al sanguinario gobernante de Valaquia, Vlad Tepes, condenado en 1462 por sus crímenes contra la nobleza sajona de Transilvania. Este personaje pasó aquí siete largos años hasta ser liberado por la Iglesia de Roma para continuar su cruzada contra los turcos.

Anualmente, la localidad de Hunedoara ofrece visitas guiadas, recreaciones históricas y otras actividades culturales asociadas al castillo, eventos que atraen cada año a miles de turistas y enamorados de la historia medieval. Otro dato interesante nos revela que en las inmediaciones de este castillo se encuentran las canteras de donde salieron el acero con el que se construyó la torre Eiffel o según la leyenda del Rey Arturo, el acero para la espada Excalibur.




La versión que Tod Browing dirigió en 1931 es considerada actualmente un clásico imperecedero del cine de terror pero no fue la única ni la primera adaptación cinematográfica. En 1922, nueve años antes el director Friedrich W. Murnau ya había llevado al celuloide la novela del vampiro bajo el título de Nosferatu, una obra maestra de los orígenes de cine, siniestra y  cautivadora.


                                        


Al no contar con los derechos de autor necesarios, el director tuvo que reescribir el guion, cambiar el nombre a los personajes y buscar nuevas localizaciones que dieran veracidad al relato. Murnau y su equipo no solo las encontraron sino que las convirtieron en renovados reclamos para las ciudades que las conservan como es el caso del castillo de Orava en Eslovaquia.




4. Castillo de Orava. XIII. Ovarský Podzámok. Eslovaquia

El castillo de Orava es una fortificación medieval situada en la localidad de Ovarký Podzámoc, al norte de Eslovaquia. Se trata de uno de los castillos más bellos del país y fue llamado la “perla eslovaca” desde el mismo momento en que terminó su construcción. Levantado sobre la cima de un acantilado sobre el río Ovara, del que recibe su nombre, la fortaleza se presenta imponente ante los visitantes y su entorno rodeado por el frondoso bosque centroeuropeo de hayas y robles la convierten en un verdadero castillo de cuento, sobre todo si es de terror.

Su construcción data del siglo XIII en un estilo de transición del románico al gótico, con recursos arquitectónicos concebidos con una clara intención defensiva como muros robustos y  altas torres vigías, pero cuenta también con añadidos renacentistas, barrocos y neo-románticos del siglo XIX que le otorgan un aspecto más palaciego del que tendría en un principio. Su planta original fue ampliándose a través de estas reformas hasta ocupar toda la ladera oeste de la montaña conformando una fortaleza en varios niveles.


                                        


El castillo fue abandonado a finales del siglo XVII y permaneció deshabitado durante mucho tiempo convirtiéndose en un escenario fértil para las historias de fantasmas y leyendas locales y con el paso del tiempo, la imaginación de la literatura romántica, hizo el resto.

El castillo de Orava recobró su popularidad gracias a la película Nosferatu, rodada en 1922 por F.W. Murnau. Su director, uno de los cineastas más importantes del siglo XX, encontró en este lugar la atmósfera caótica, siniestra y decadente que necesitaba para ubicar a su protagonista, el Conde Orlok, una versión del conde Drácula mucho más primitiva y animal que la interpretada por Bela Lugosi nueve años después. El resultado es una obra maestra del cine expresionista, una sinfonía del horror imprescindible para el medio audiovisual y sin lugar a dudas una de las películas más importantes y terroríficas de la historia.




Hasta el momento hemos visto castillos y fortalezas levantadas sobre agrestes cordilleras balcánicas pero nuestro próximo destino nos aleja por completo de estos paisajes y nos traslada hasta la ciudad portuaria de Lübeck, al norte de Alemania. Hoy día podría parecer un lugar anacrónico o poco atrayente para un vampiro pero no debió pensar lo mismo F.W. Murnau cuando a principios del siglo XX encontró en los antiguos almacenes de sal abandonados el escenario expresionista que buscaba para el desenlace de su película Nosferatu. El resultado le dio la razón.







5. Salzspeicher. XVI-XVIII. Lübeck. Alemania

Salzspeicher es el nombre que reciben en alemán los seis almacenes de sal distribuidos a lo largo del río Trave, en la ciudad portuaria de Lübeck, Alemania. Son uno de los edificios más visitados de la ciudad desde que aparecieran en la película de 1922 Nosferatu de F.W. Murnau.

Los almacenes fueron construidos durante los siglos XVI y XVIII en gótico báltico o gótico de ladrillo, estilo arquitectónico muy común en la zona. Su función era la de almacenar la sal traída por la antigua ruta de comercio, la Alte Salzstrasse, así como por el Stecknitzkanal, uno de los canales más antiguos de Europa. La sal era empleada en toda la industria pesquera de la Liga Hanseática del mar Báltico y generó el florecimiento económico de esta región durante la Edad Media.




Pero la fama de estos almacenes en la actualidad nada tiene que ver con la sal sino por ser la residencia del vampiro Nosferatu en la película de terror homónima de 1922. Con sus formas verticales, anguladas e irregulares estos edificios fueron el escenario perfecto donde concluir la opera expresionista de F.W. Murnau. Aquí el vampiro es alcanzado por los rayos del sol hasta ver la muerte y supone una de las secuencias más recordadas y reproducidas del cine.




En su última parada, nuestro viaje aterriza en uno de los enclaves más románticos y fantasmagóricos de toda Europa. Se trata de las ruinas de la Abadía de Whitby, en la costa este de Inglaterra, conocida por aparecer en la novela de Bram Stoker y convertirse desde ese momento en punto de encuentro para los amantes de la estética gótica y la literatura romántica.




6. Abadía de Whitby. 657. Yorkshire del Norte. Inglaterra

La abadía de Santa María de Whitby es una antigua iglesia benedictina en ruinas situada a orillas del Mar del Norte en la localidad de Whitby, Yorkshire del Norte, en la costa noreste de Inglaterra.

Este lugar fue habitado por celtas, romanos, cristianos y largas generaciones de religiosos pero fue la construcción de su abadía por la que es conocida la localidad de Whitby. Sus ruinas datan de una construcción inicial del siglo VII y contemplan 2.000 años de historia inglesa desde su asalto por las hordas vikingas del hijo de Ragnar Lodbrok, su abandono durante la disolución de los monasterios ordenada por Enrique VIII hasta la I Guerra Mundial cuando los cañones alemanes terminaron por reducirla a su esqueleto actual.

Seguramente la apariencia tenebrosa que proyectaba la silueta de la vieja abadía sobre los acantilados, difuminada entre las nieblas invernizas y sitiada por las lápidas del cementerio, permitió dar rienda suelta a la imaginación de Bram Stoker para escribir Drácula durante su estancia en el Royal Hotel de Whitby. Y es que varios pasajes de la novela trascurren en alguno de los rincones de esta pequeña localidad.


                                        


Las tormentas que hicieron naufragar decenas de barcos frente a estas costas sirvieron al novelista para narrar el naufragio de la goleta rusa Demeter, que trajo a Drácula hasta el puerto de Whitby donde se perdió en la noche convertido en un perro negro. Las lápidas inclinadas hacia el mar, el atrio de la iglesia asomado al camino del muelle, los derrumbes del acantilado, las empinadas cuestas... el paisaje descrito por Stoker permanece intacto desde hace más de 100 años.

Un siglo después, la localidad de Whitby se ha convertido en una parada obligatoria para todos los seguidores del vampiro y es el escenario de uno de los festivales góticos más importantes de Europa. El Whitby Gothic Weekend es un evento que reúne dos veces al año, en abril y noviembre, a la mayor concentración de seguidores de esta corriente estética y cultural en Gran Bretaña.


                                        


Actualmente, esta ruta ha ido creciendo con la aparición de otros personajes, nuevas adaptaciones y versiones libres que han localizado a Drácula y otros vampiros en prácticamente todas las capitales del mundo. Así, las catacumbas de París, el cementerio francés de Nueva Orleans o los bares temáticos de Sanghai y Tokyo se suman a esta larga lista de destinos truculentos. Nuestro recorrido se ha trasladado a los más importantes y que en mayor medida representan al personaje tanto histórico como de ficción. Y desde la puesta de sol en los acantilados de Whitby, desde esta estampa romántica nos despedimos y ponemos punto y final a nuestro viaje por la vieja Europa tras los pasos de Drácula.




¡Buenas noches!






BIBLIOGRAFÍA Y DOCUMENTACIÓN:

  • Nosferatu. Un film erótico-ocultista-espiritista-matafísico. Luciano Berriatua. 2008
  • Historia National Geographic Nº 144 2015
  • Vive la Historia Nº 31 2016
  • Eldiario.es
  • El verdadero Drácula
  • La verdad sobre el Conde Drácula. 2010
  • Drácula, la verdadera historia de los vampiros. 2016
  • En busca de Drácula


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