miércoles, 18 de noviembre de 2015

Iconografía | El Dragón






Iconografía

EL DRAGÓN





El dragón es un animal mitológico que aparece a lo largo de la historia en diversas culturas, se caracteriza por su aspecto de gran reptil amenazante y su morfología y significado varía según el momento histórico y el área cultural al que pertenece.

Las leyendas europeas nos hablan de él como una bestia devoradora de hombres, pero también los encontramos en oriente donde es sinónimo de abundancia y buenos augurios. Su imagen se asocia también a grandes reptiles y serpientes marinas y es descrita en muchos pasajes de las mitologías nórdica, azteca, mesopotámica, egipcia e incluso en la Biblia.

En Occidente, la figura simbólica del dragón responde a un arquetipo cuyo origen hay que buscarlo en el miedo imaginativo de las antiguas civilizaciones por lo desconocido. Los bestiarios lo presentan como un ser maléfico al que debe vencerse para recuperar un tesoro, liberar a una doncella o recobrar la paz perdida por su insaciable voracidad.




La hagiografía cristiana lo menciona con frecuencia, describiendo su terrible aspecto y contando historias de matadores de dragones como la del mártir San Jorge, cuya leyenda es de las más representadas en la Historia del Arte. Éste oficial de la legión romana consiguió salvar a la hija de un rey dando muerte a un dragón, cuya voracidad debía saciarse con dos ovejas diarias y con dos jóvenes doncellas. Otras representaciones comunes en la iconografía cristiana son las de San Miguel, príncipe de los Ángeles, venciendo a Lucifer encarnado en un dragón, o las de Santa Marta de Betania o Santa Margarita de Antioquía. En efecto, en el cristianismo la figura del dragón personifica al diablo. De ahí que a los santos tentados por el demonio, como san Alberto de Sicilia, se los represente con el animal encadenado del cuello o pisoteado como símbolo de victoria sobre Satán.

También la mitología greco-romana cuenta con estos ejecutores como Perseo, Jasón o Heracles quien combatió con la Hidra de Lerna, devastadora de cosechas y ganados, cortándole las doce cabezas.

Rafael, Durero, Rubens, Van Dyck… muchos han sido los artistas que se han servido de este animal para ilustrar sus pinturas y relieves como vehículo de una única y moralizante idea desarrollada a lo largo de tiempo. Y es que  todas estas leyendas y episodios míticos no son más que la evolución de un mismo mensaje del que el ser humano ha de sacar una moraleja reconfortante: el héroe, con unas armas comunes a cualquier mortal, es capaz de aniquilar a la bestia en alusión a que con la inteligencia y la razón el hombre es capaz de dominar a la naturaleza indómita.



                                        


Muy al contrario a la iconografía occidental, la figura del dragón en Oriente tiene connotaciones claramente positivas. Es símbolo de buena suerte, de fecundidad y regeneración cósmica, así como de abundancia de lluvia e incluso, para algunos imperios de la antigüedad, era la representación divina del emperador.

El paso de estos grandes saurios por España está plagado de buenas historias y en muchas iglesias podemos ver aún, como una atracción extravagante, cuerpos disecados de cocodrilos que antaño atemorizaron poblaciones enteras y que dieron origen a multitud de leyendas.

En el campo de la heráldica son numerosos los dragones que campean en escudos y cascos medievales, como el formidable dragón que lucía en su yelmo el monarca de la Corona de Aragón, Jaime I el Conquistador, y que actualmente forma también parte del emblema de la Generalitat Valenciana.



                                        


Desconocemos el origen de su leyenda y seguimos sin conocer su significado para algunas culturas,  lo que sí sabemos es que bien sea por el hallazgo de huesos prehistóricos en la antigüedad, bien por la exportación de especies exóticas traídas nuevos mundos, la figura del dragón ha acompañado al hombre desde el mismo nacimiento de las primeras civilizaciones, ayudándole con su metáfora y su significado a convertirse en el ser racional que hoy es capaz de sobreponerse a las dificultades con la inteligencia y la razón.




Bibliografía y documentación:

  • Descubrir el Arte Año III Nº 25 Marzo 2001
  • Guía del prado, La. 2009
  • Dragones, una leyenda hecha realidad. Justin Hardy. 2004
  • La guerra contra el dragón. Fuego y furia. Documenta2. TVE. 2015
  • Vida animal: Las crónicas del Dragón. National Geographic. 2008
  • Cuarto Milenio
  • Wikipedia





OBRA COMENTADA:





Lucha de San Jorge y el dragón
Peter Paul Rubens. 1606-08. Óleo sobre lienzo, 309 x 257 cm.

Rubens representa el momento en el que San Jorge amenaza con su espada al dragón, que aparece con la forma de un monstruo con los ojos desencajados, sujetando la lanza con la que el santo le ha atravesado la boca. Al fondo vemos a la princesa, ricamente vestida como la describe J. della Voragine, que sujeta la oveja con la que iba a ser sacrificada. Se conservan varios dibujos preparatorios para la composición, que podría estar basada, según el especialista H. Vlieghe, en un dibujo del artista copiando una obra de Tiziano y conservado en la Graphische Sammlung de Munich. El origen de la misma se desconoce. El historiador D. Jaffe piensa que pudo hacerse para la ciudad de Génova, cuyo patrón es San Jorge.

Fechada pues en sus años tialianos, muestra el estudio de la estatuaria clásica y de las figuras miguelangelescas, con personajes rotundos, majestuosos y fuertes. San Jorge muestra estas características, representado casi como un general romano al mando de sus ejércitos. Uno de los elementos más destacados de la composición es el caballo, que ocupa gran parte de la composición y la articula generando una gran diagonal que da movimiento a la escena. Rubens pintó la baba de su boca, en referencia a los clásicos como Plinio el Viejo, que habla de cómo el pintor Zeuxis engañaba a los mismo animales con su pintura.

Es un ejemplo de la conexión entre Rubens y la antigüedad clásica, que veía como reflejo de los valores que debía tener la sociedad, así como la imagen hermosa de algo mejor. El concepto de la exaltación de la vida, que viene desde la antigüedad, se engrandece en esta imagen en la que ha usado una tipología proveniente del mundo clásico para representar un episodio religioso. Rubens siempre buscó la unión entre los dos mundos con un enriquecimiento recíproco.


                                        




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