domingo, 2 de octubre de 2016

Mascarones de proa





Monográfico | Piratas

MASCARONES DE PROA

EL PODER DE LA BELLEZA EN LOS MARES



“La niña coronada por las antiguas olas, allí miraba con sus ojos derrotados: sabía que vivimos en una red remota de tiempo y agua y olas y sonidos y lluvia, sin saber si existimos o si somos su sueño.”

Pablo Neruda




Los mascarones de proa eran figuras decorativas utilizadas por los barcos en la antigüedad como medida de identificación durante sus travesías. Se tallaban en maderas duras, capaces de resistir las agresiones del mar, sobre la parte superior del tajamar y su tamaño debía ser suficientemente grande para ser reconocidas a varias millas de distancia. Por lo tanto, nos encontramos ante tallas de gran tamaño que superan en ocasiones los 3 metros de altura.

Este elemento decorativo fue utilizado desde muy antiguo por civilizaciones marineras como fenicios, romanos y vikingos, pero no sería hasta el siglo XVI y XVII, gracias a  la creación de las rutas de comercio trasatlánticas, cuando la ingeniería naval viviría su auténtica edad dorada. Naves monumentales, auténticas ciudades flotantes, como el galeón español Santísima Trinidad, el británico Golden Hind o el francés La Couronne se construyeron para transportar, custodiar e incluso asaltar valiosas mercancías procedentes del Nuevo Mundo.

Su realización se llevaba a cabo en los mismos astilleros y talleres donde se construían las naves por carpinteros y artesanos locales con mayor o menor experiencia, por lo que no podemos catalogar estas tallas como obras artísticas de primer orden. Sin embargo, cuando se trataba de lucir y decorar flotas reales o embarcaciones de algo rango podemos encontrarnos con piezas sorprendentes de cuidado detalle barroco creadas por escultores especializados. Uno de estos artistas reconocidos fue el escultor barroco Pierre Puget, quien se hizo famoso por el alcance, el peso y la expansión de sus diseños para la flota francesa.


                                        


Los modelos representados respondían casi siempre al imaginario mitológico greco-romano o a los escudos militares que daban identidad y protección –simbólica- a éstas embarcaciones. Así, no es extraño encontrarnos con  leones, caballos, águilas, retratos de deidades clásicas como Minerva y Neptuno o bellas sirenas. Con el paso del tiempo los referentes neoclásicos cambiaron y fueron sustituidos por imágenes más humanizadas de monarcas y militares –o sus respectivas esposas- hasta perder su función tras la aparición de los navíos de línea y buques acorazados de los siglos XIX y XX.

Podemos encontrar interesantes colecciones en museos navales de todo el mundo como Inglaterra, Francia, España, Estados Unidos o Argentina. Algunas de las más valiosas, por la cantidad de piezas exhibidas y la calidad de sus tallas, se encuentran en el Museo marítimo de Brest (Francia), el Mystic Seaport Museum de Conéctica (Estados Unidos), la Colección Cutty Sark de Londres (Inglaterra) o el Museo Naval de Salerno (Italia). También son conocidas las colecciones del poeta Pablo Neruda o el pintor bonaerense Benito Quinquela.


Se tratan todas ellas de obras artísticas de categoría inferior a las grandes esculturas barrocas y neoclásicas de la época pero que sin embargo, recogen la iconografía más popular de un tiempo y un periodo artístico fundamental para el desarrollo de la Historia del Arte y la cultura occidental.


                                        





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