viernes, 2 de febrero de 2018

Sacrificio de Isaac | Alonso Berruguete | 1527-32 | MNE | Valladolid




SACRIFICIO DE ISAAC

Alonso Berruguete | 1527-32 | MNE | Valladolid




El Sacrificio de Isaac es una obra del escultor Alonso Berruguete tallada en madera policromada y datada entre 1526 y 1532. Sus dimensiones son de 89 centímetros de alto por 46 de ancho y 32 de largo y procede del Monasterio de San Benito el Real, en Valladolid. Actualmente se encuentra en el Museo Nacional de Escultura.




Esta escena del Antiguo Testamento fue elegida por La Signoria de Florencia en 1402 para las puertas del Baptisterio y tuvo un gran éxito posterior en la creación de obras de arte. Dios exige a Abraham, patriarca de los israelitas, que degüelle a su primogénito para demostrar su fe. Abraham, captado en el momento de ir a consumar el sacrificio de su hijo por orden divina, constituye una de las creaciones más personales de Berruguete.

Es la imagen perfecta del desesperado;  todo en él es dramáticamente vociferante. A los pies, Isaac, atado sin violencia, parece dispuesto a asumir su destino. La obra presenta una estructura dinámica y una formidable potencia plástica que se manifiesta en la multiplicidad de puntos de vista que, sin embargo, no restan cohesión al grupo. Frente a la disposición circular de Isaac que refleja su sumisión, el estiramiento ascendente y suplicante de Abraham, logra exteriorizar violenta-mente su tensión, reforzada por detalles tan insignificantes como La puntiaguda barba que parece clavarse en el pecho del patriarca.


                                        


Estamos aquí ante un Laocoonte moderno donde el drama clásico se trasmuta en tragedia bíblica. Ambos grupos comparten el castigo injusto, el quejido del padre, el terror infantil ante lo inexplicable y las anatomías dolorosamente tensas. Berruguete reinterpreta el modelo, pero se queda con su esencia, para adaptarlo al mensaje religioso.





NERVIO Y EMOCIÓN

“Muchas figuras de Berruguete no tienen alma; apenas si son hombres; son un simple embrollo de líneas, un garabato, un revoltijo que no puede convencer, ni razonar, ni hablar: son un quejido, un grito, un suspiro, que no dicen nada, pero que hacen sentir profundamente. Como Miguel Ángel utiliza el movimiento. Pero Miguel Ángel siempre sigue una lógica. Pero en Berruguete, no. Su violencia es injustificada. Sus sentimientos son unilaterales, pobres en matices, pero más agudos, más estridentes. Sus espíritus nunca sueñan, ni meditan; sólo reaccionan como fieras, escalan, chillan y gesticulan en una lucha de titanes, pero con más vigor de nervios que muscular. Las actitudes se suceden, se funden entre sí, el movimiento ondulatorio se continúa como una danza y todo es movimiento, continuación, violencia."

Ricardo de Orueta, Berruguete y su obra, 1917





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