jueves, 1 de agosto de 2019

Colosos de Memnón | 1390 - 1350 a.C. | Luxor | Egipto




OBRA ANALIZADA

COLOSOS DE MEMNÓN

1390 - 1350 a.C. | Luxor | Egipto


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Los colosos de Memnón son dos gigantescas estatuas de piedra situadas en la ribera occidental del Nilo, frente a la ciudad de Luxor. Durante siglos fueron contemplados por viajeros y artistas románticos atraídos por la leyenda de las piedras cantoras con las que fueron construidos. Hace tiempo que dejaron de cantar pero su imponente presencia no ha dejado de cautivar a todo aquel que los visita




En la vasta llanura que se extiende entre el Nilo y el Valle de los Reyes, frente a la ciudad egipcia de Luxor, se encuentran dos colosales estatuas del faraón Amenhotep III. La pareja de gigantes se alza solitaria sobre un terreno de ciénagas y piedra desértica, parecen haber sido olvidados por el tiempo o alguno pensaría, expulsados de los grandes templos tebanos. Pero no es así, se trata de los restos de la monumental avenida que conducía al templo funerario de Amenhotep III en la antigüedad, hace aproximadamente 3.300 años. Lamentablemente, el templo fue destruido, sus restos utilizados en otras construcciones y tan solo dos de sus grandes estatuas han llegado hasta nuestros días.


                                        


El templo de millones de años

Las dos estatuas gemelas miden 18 metros de altura  y están talladas en grandes bloques de cuarcita traídos especialmente desde Guiza y la cantera de Gebel el-Silsila, al norte de Asuán. Muestran al faraón Amenhotep III en posición sedente, sus manos reposan en las rodillas y su mirada se dirige hacia el Este, en dirección al río Nilo y al Sol naciente. Dos figuras de menor tamaño, situadas junto al trono, representan a su esposa Tiy y a su madre Mutemuia. Los paneles laterales muestran una alegoría en bajorrelieve de Hapi, dios responsable de las inundaciones anuales.

La función original de los colosos fue la de presidir la entrada al complejo funerario de Amenhotep III: un inmenso centro de culto, construido en vida del faraón, en el que se le adoraba como al dios en la tierra. En esos días, el complejo del templo era el mayor y más espectacular de todo Egipto. Ocupaba un total de 35 hectáreas. Incluso el Templo de Karnak era menor que el conjunto funerario de Amenhotep. En la actualidad, el templo esta siendo reconstruido por diversas excavaciones arqueológicas, entre ellas españolas, que están recuperando los restos de este monumental complejo.


                                        


Las piedras cantoras

Entonces, ¿por qué se les conoce con ese nombre? Buena pregunta. Según el historiador y geógrafo griego Estrabón, en el año 27 a.C., un terremoto sacudió seriamente la ciudad de Tebas dañando muchos monumentos, entre ellos los colosos. El fuerte seismo destruyó gran parte de aspecto original de las estatuas y abrió una enorme grieta en la segunda, la cual terminó por derrumbar parte de su estructura. Este accidente fue también el culpable de un extraordinario fenómeno porque, desde aquel momento, todas las mañanas a la salida del sol, la estatua emitía un gemido vago y prolongado, en el que los viajeros creyeron oír un canto triste pero armonioso. En torno a ese extraño hecho, testimoniado por grandes historiadores como Estrabón, Pausanias o Tácito, los poetas griegos hicieron florecer una hermosa leyenda y asocieron estas ‘piedras cantoras’ a Memnón, el mítico hijo de Titono y la Aurora. Tras hallar la muerte por manos de Aquiles en la guerra de Troya, su madre, deshecha en llanto, rogó insistentemente a Zeus que hiciese resucitar al menos una vez al día a su hijo y así, cada mañana, mientras lo acariciaba con sus rayos, su hijo saludaba la aparición de su madre en el horizonte con un melodioso gemido...


                                        


El misterio de las piedras cantoras desapareció cuando el emperador romano Septimio Severo  restauró la estatua en el siglo III y estudios contemporáneos revelaron que los curiosos sonidos emitidos serían provocados por la dilatación de la piedra al cambiar su temperatura entre el frío de la noche y el calor de los primeros rayos del sol. Los ancianos gigantes enmudecieron definitivamente poniendo fin a una cadenza de siglos de antigüedad.





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