Entorno Virtual de Aprendizaje?

Un E.V.A. es espacio educativo alojado en la web conformado por herramientas informáticas que posibiliten la interacción didáctica con los usuarios.

Navegación 2.0

Recorre todos las secciones de nuestra web a través de la barra de navegación desplegable y el buscador de entradas.

Videos didácticos

Las obras de arte más importantes y los momentos artisticos más relevantes explicados paso a paso.

Encuentra todo lo que necesitas

Reportajes, exámenes, ejercicios, actividades y mucho más para descargar directo tu ordenador.

Internet y redes sociales

No te pierdas nada con esta plataforma accesible y actualizada a todos los nuevios medios.

Mostrando entradas con la etiqueta Museo del Louvre. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Museo del Louvre. Mostrar todas las entradas

jueves, 12 de abril de 2018

Victoria de Samotracia | 190 a.C. | Museo del Louvre | París | Francia




VICTORIA DE SAMOTRACIA

190 a.C. | Museo del Louvre | París | Francia




Desde que fue descubierta en 1863, esta espléndida escultura helenística ha fascinado a artistas y literatos que vieron en ella «una imperecedera recreación del viento griego en lo que tiene de vasto y de grandioso». Desde entonces, es considerada uno de los tesoros del Museo del Louvre.




La pequeña isla de Samotracia, con sus 178 kilómetros cuadrados, está situada al norte del mar Egeo, a 40 kilómetros tanto de la costa europea como de la asiática. Montañosa y de costas escarpadas, emerge como una mole triangular ante los viajeros, que avistan desde lejos el monte Fengari, el más alto de la isla con 1611 metros. Para los griegos, Samotracia era una isla nebulosa, poblada por gentes extrañas y ubicada a las puertas del inhóspito Ponto Euxino (el mar Negro), pero a la vez era el lugar perfecto donde guarecerse de los fuertes vientos del norte. Esto explica que su principal santuario estuviera dedicado a deidades protectoras de los navegantes y que éstos, agradecidos, depositaran allí ofrendas votivas, algunas tan impresionantes como la Victoria de Samotracia: una magnífica escultura que representa una Niké o victoria alada, descubierta en 1863 por el arqueólogo francés Charles Champoiseau y hoy expuesta en el Museo del Louvre.  


                                        


CULTOS MISTÉRICOS EN SAMOTRACIA

La fama de la isla va unida a esas deidades cuyo número y nombre concreto ignoramos, pues eran conocidas simplemente como Megaloi Theoi, Grandes Dioses. El culto incluía ritos secretos de iniciación, ceremonias de admisión a unos misterios sobre los cuales el iniciado estaba obligado a guardar el más absoluto de los silencios. Grandes personajes y reyes del mundo antiguo se iniciaron en Samotracia como el rey Filipo II de Macedonia y su esposa Olimpia, padres de Alejandro Magno. Pero también acudían hombres y mujeres ordinarios, esclavos y ciudadanos libres.

El ritual comprendía dos grados, el de iniciado (mystes) y el de observador (epoptes), y se celebraba durante el periodo que operaba el santuario, de abril a octubre, los meses de navegación. Se supone que el ritual incluiría una purificación previa, sacrificios y libaciones, así como un breve interrogatorio ante un sacerdote, seguido de la iniciación propiamente dicha, realizada de noche y a la luz de las antorchas.


                                        


OFRENDAS A LOS DIOSES

En la terraza oeste se extendía el área pública, que incluía dependencias para los fieles, exvotos, una estoa o pórtico y un teatro donde se escenificaban obras durante el festival anual en verano. En los extremos norte y sur de la terraza se erguían los dos monumentos que mejor ejemplifican la relación de los Grandes Dioses con el mar: el Neorion, imponente edificio que albergaba un navío dedicado como ofrenda, y el recinto donde se alzaba la Victoria.

La extraordinaria calidad de la Victoria, tanto por su ejecución como por los materiales usados —mármol azul de Lartos (Rodas) para la base y mármol cremoso de Paros para la estatua—, indica que estamos ante una ofrenda de envergadura, digna de un rey o persona importante. Se ha puesto en relación con una victoria naval, pues la Victoria alada se asocia desde el siglo IV a.C. con triunfos en el mar. Por desgracia, los siglos III y II a.C. están repletos de gran des batallas navales y podría tratarse de una victoria de Macedonia, Rodas, Pérgamo, incluso Roma, pues los romanos vencieron en 168 a.C. al último rey macedonio, Perseo, refugiado en Samotracia. Además, el estilo de la estatua, helenístico pero con detalles clásicos, no facilita su datación ni ayuda a fijar con seguridad el taller de origen: para algunos investigadores proviene de Rodas, mientras que para otros procede de Pérgamo.




¿CÓMO SE ESCULPIÓ LA VICTORIA?

En 1863, Charles Champoiseau descubrió la parte principal de la Victoria de Samotracia, la que va del busto a los pies, «casi intacta, y trabajada con una habilidad que no he visto superada en ninguna de las grandes piezas que conozco», como explicaba en una carta al embajador francés en Estambul. También localizó durante los trabajos el ala izquierda, totalmente fragmentada pero casi íntegra. En cambio, nunca se recuperaron ni la cabeza ni los brazos, salvo unos pocos fragmentos. Esta fragmentación revela el modo en que se esculpió la obra, a partir de dos grandes bloques que forman el cuerpo y a los que se fijaron los brazos y las alas.

1. BLOQUES DE MÁRMOL PARA CADA PARTE. Para tallar las piezas que forman la Victoria se cortaron varios fragmentos de mármol de diferente tamaño: dos bloques para cada brazo, dos bloques para cada ala, un bloque pequeño para la cabeza y el busto, y otro bloque de mayor tamaño para el cuerpo.

2. EL ENCAJE DE LAS DIFERENTES PIEZAS. Una vez esculpidas cada una de las piezas por separado, éstas debían ensamblarse unas en otras. En el interior del torso se horadó un agujero para encajar en él una pieza de bronce sobre la que se podría colocar el busto de la estatua, que así quedaría firmemente fijado.

3. LAS ALAS, EN SU LUGAR. La colocación de las alas fue más compleja. Si se hubieran fijado al cuerpo de la estatua con un elemento metálico, su propio peso las hubiera hecho caer. Por ello, el artista esculpió una especie de base en la espalda de la Victoria, sobre la que situó el resto del ala, fijándola con más seguridad.

4. ¿CÓMO ERAN LOS BRAZOS? Debido a la forma de encaje del brazo derecho se deduce que éste se alzaría levemente en posición de saludo, sin sujetar ningún tipo de cinta, corona o trompeta. Un pequeño fragmento que se conserva permite pensar que el brazo derecho estaba doblado por el codo. Del brazo izquierdo no se ha conservado nada, y sólo existen hipótesis; tal vez iba pegado al cuerpo, o bien un poco levantado.


                                        


EL RENACIMIENTO DE LA VICTORIA

La estatua, de 2’70 metros de altura, constaba de seis piezas encajadas: cuerpo, busto-cabeza, brazos, pies, alas y manto trasero. Descansaba sobre una base en forma de proa de navío con tres espolones, hecha con 23 piezas en dos niveles, hasta alcanzar una altura total de 5,57 metros y un peso de 30 toneladas. Es de alabar la labor llevada a cabo por los restauradores del Museo del Louvre, que lograron encajar los fragmentos y dar forma a la estatua basándose en ejemplos similares que aparecen en monedas y figuras de terracota. La última restauración, acabada en 2014, que ha corregido defectos e incorporado fragmentos, ha intentado resolver la disposición de los brazos y las manos.


                                        


No sabemos cuánto tiempo estuvo en pie la Victoria de Samotracia, más allá de la remodelación del muro de cierre en época romana. Lo más probable es que, como el resto del santuario, fuera víctima de los terremotos que se sucedieron en el siglo IV d.C., paralelos al abandono de los templos paganos. Muchos bloques se reutilizaron en construcciones bizantinas y los fragmentos escultóricos empezaron a diseminarse. Tal vez entonces la Victoria perdió el rostro y los brazos, pero no su capacidad de fascinación, que siglos después sigue manteniendo intacta. 





Recorrido de los iniciados por el Santuario de Samotracia:






BIBLIOGRAFÍA Y DOCUMENTACIÓN:

  •          Cultos mistericos antiguos Walter Burker. Trotta, Madrid, 2005
  •          Historia National Geogrophic, nº 138
  •          Historia National Geogrophic, nº 160


OTRAS IMÁGENES:


                                        

                                        


OTROS VÍDEOS RELACIONADOS:


                                        


OTROS DOCUMENTOS RELACIONADOS:


                                                                                


viernes, 9 de junio de 2017

Obras maestras del arte primitivo en el Museo del Louvre

ARTÍCULO

OBRAS MAESTRAS DEL ARTE PRIMITIVO EN EL 

MUSEO DEL LOUVRE


Artes de África, de Asia, de Oceanía y de las Américas 




Las colecciones de lo que se suele llamar las « artes primeras » reúnen, en el Louvre, ciento ocho obras maestras de cuatro grandes áreas geográficas: África, Asia, Oceanía y las Américas. Las salas que se les dedican en el pabellón de las Sessions, inauguradas en 2000 y concebidas por el arquitecto Jean-Michel Wilmotte, constituyen un satélite del museo del Quai Branly que gestiona la selección de las piezas. Éstas, procedentes del laboratorio de etnología del Museo Nacional de Historia Natural o del Museo Nacional de Artes de África y Oceanía, le pertenecen efectivamente en su gran mayoría. A Jacques Kerchache, experto en la materia, es a quien se le debe la finalización de esta sección, que consagra el reconocimiento de las artes de África, Asia, Oceanía y de las Américas en la historia de la visión occidental. 

Ya desde 1827, bajo el reinado de Carlos X, el Louvre incluía un museo de la Marina y de Etnografía, entonces llamado Museo Dauphin, donde se podía examinar las piezas « exóticas » traídas por los grandes exploradores. Sin embargo, en 1878, Jules Ferry ordenó una distinción entre «la historia de los usos y costumbres» y el «dominio del arte». Por consiguiente, durante mucho tiempo se confinaron estas producciones al estatuto de objeto de valor etnográfico. 

Ni que decir tiene que los 1200 metros cuadrados del pabellón de las Sessions no están destinados a proponer un compendio de la historia de las producciones no europeas, sino a enseñar su ejemplaridad y legitimar las excepcionales cualidades artísticas de pueblos demasiado tiempo desconocidos, cuando no menospreciados. Después de que las artes primeras hubieran influenciado considerablemente las vanguardias del siglo XX, su presencia en el Louvre debe favorecer la renovación de la mirada del público sobre su valor estético. 









Figura femenina Chupícuaro

México, 600-100 A.C. Terracota con engobe. alt. 31 cm. Pabellón de las Sessions, planta baja, sala 7. 

Esta escultura de más de dos mil años fue hallada en las montañas del México central. Dotada de volúmenes generosos, simbolizaría el ciclo de las estaciones, así como el de la vida y la muerte. Su silueta trapezoidal y sus motivos negro y crema son asombrosamente modernos. 










Cabeza Yoruba, cultura de Ife

Suroeste de Nigeria, siglos XII-XIV. Terracota, alt. 15,5 cm. Pabellón de las Sessions, planta baja, sala 2. 

Vestigio de la civilización de Ife, considerada por el pueblo yoruba como la cuna de la humanidad, esta cabeza modelada en terracota, que figura el servidor de una divinidad, mezcla naturalismo (con sus estrías de escarificación) e idealización. 






Máscara del cisne y de la ballena blanca del pueblo de Napaskiak

Región del río Kuskokwim, cultura yupik (Inuit), Alaska. Principios del siglo XX. Madera polícroma y plumas, alt. 72 cm. Pabellón de las Sessions, planta baja, sala 8. 

Esta máscara, utilizada por los Inuits en el marco de danzas rituales, representa un cisne, considerado como un intercesor que favorece la caza de la ballena blanca. Perteneció al surrealista André Breton, indudablemente sensible al onirismo de sus formas extrañas. 







Estatua de antepasado (adu zatua)

Norte de la isla de Nías, Indonesia, siglo XIX. Madera con pátina roja, alt. 55,7 cm. Pabellón de las Sessions, planta baja, sala 3. 

Estatuillas depositarias del espíritu de un antepasado, los adu se conservaban en los hogares para proteger a sus habitantes y, durante las fiestas, los utilizaban los sacerdotes para garantizar prosperidad a la comunidad. La originalidad de esta efigie radica en el contraste entre la postura del hombre y la sofisticación del tocado tradicional. 







Piedra mágica destinada a la adquisición de los cerdos machos castrados (müyü ne bu)

Norte de la isla de Ambrym, Vanuatu, siglo XVIII, principios del siglo XIX. Toba volcánica, alt. 35,5 cm. Pabellón de las Sessions, planta baja, sala 4. 

Las piedras dotadas de virtudes mágicas, los müyü ne bu, todavía están muy extendidas en el archipiélago de Vanuatu. Con una excepcional audacia formal por sus curvas y contracurvas, ésta representaría el poderoso espíritu Lengnangoulong y tendría la virtud de poder enriquecerse de cerdos.