miércoles, 8 de junio de 2016

Museos | Fundación Rodríguez-Acosta | Granada


MUSEOS Y GALERÍAS DE ARTE

FUNDACIÓN RODRÍGUEZ-ACOSTA

Granada





Sobre la colina del monte Mauror se erige uno de los cármenes más bellos y a la vez desconocidos de la ciudad de Granada. Se trata de una construcción concebida como una obra de arte arquitectónica y que esconde uno de los secretos mejor guardado de la ciudad. El Carmen blanco de la Fundación Rodríguez-Acosta.

La Fundación Rodríguez–Acosta es la institución encargada de gestionar el patrimonio del artista granadino José María Rodríguez–Acosta, un pintor de considerable prestigio durante principios del siglo XX, que convirtió su estudio de pintura en un espacio onírico de absoluta belleza. 

La claridad de las líneas arquitectónicas de trazo modernista se contrasta aquí con la irrupción de la naturaleza salvaje, que recorre cada patio y cada jardín salpicada con estatuas mitológicas y columnas clásicas. Elementos todos ellos colocados estratégicamente como parte de un escenario preparado para la meditación del artista y dispuesto como un recorrido más mental que físico.


                    


Odas a la vida, al amor y a la muerte se suceden a través de las patios y terrazas del edificio, conceptos que el artista quiso remarcar aludiendo a personajes como Baco y Venus para dar nombre a sus jardines o incluyendo un sepulcro o cenotafio del siglo XVII como parte del recorrido.

Como un teatro de la vida y sus emociones, esta edificación fascinante cuenta con unas impresionantes vistas de la ciudad de Granada como espectador permanente. Unas vistas capaces de inspirar no solo a Rodríguez-Acosta, sino a cualquier artista.

Con el permiso de La Alhambra, emplazada muy poca distancia, el edificio guarda tras sus paredes uno de los secretos mejor guardados de la antigua ciudad nazarí, se trata de una serie de pasadizos subterráneos de los que todavía hoy desconocemos el origen real de su función.


                     


Tras rebasar una puerta de columnas porticada, unas escaleras nos dan acceso a unos laberínticos túneles escavados a varios metros bajo tierra. Corredores y estancias se intercalan con espacios restaurados por Rodríguez-Acosta que ya existían siglos atrás y que el artista conservó para su admiración u otros propósitos desconocidos.

Se discute si pudieron albergar desde mazmorras construidas para cristianos hasta pasadizos secretos para escapar de La Alhambra. En cualquier caso, sea cual fuera su finalidad, el espacio conservado por este artista, asombra a cualquier visitante que se despiste en su bajada desde La Alhambra.

La visita finaliza con la colección de pintura, escultura y objetos arqueológicos del Legado Gómez-Moreno, una muestra de la sensibilidad e interés por el arte y la cultura que el historiador Manuel Gómez-Moreno recopiló durante su vida y que donó a la fundación.


                    




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