UN VIAJE EN DILIGENCIA HACIA PAISAJES IMPOSIBLES
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| Lluvia, vapor y velocidad. William Turner. 1844. National Gallery. Londres. Inglaterra |
A principios del siglo pasado, cierta tarde, una distinguida dama de mediana edad atravesaba en diligencia una zona especialmente boscosa e inhabitada de Gran Breta帽a. Tras la cortina de la ventanilla pod铆a verse un cielo sobrecargado de nubes amenazadoras. Frente a ella, un vejete estrafalario, vestido como un pordiosero, mal afeitado, no perd铆a ocasi贸n en examinar los leves cambios de luz y atm贸sfera del paisaje. De pronto sucedi贸 lo que se present铆a y tem铆a, un aguacero, un chaparr贸n, truenos, rel谩mpagos, al tiempo que la luz se oscurec铆a y la diligencia zarandeaba a sus hu茅spedes, que se cuidaron de ajustar las ventanillas y las cortinas para no sufrir las intemperancias del viento huracanado y de la lluvia. Y he aqu铆 que el viejo hu茅sped que compart铆a con la dama distinguida, frente a frente, el mismo camarote, pidiendo disculpas por adelantado, levantose, abri贸 su ventanilla, sac贸 la cabeza, el cuello y medio tronco a la intemperie, permaneciendo est谩tico y r铆gido en esa dif铆cil posici贸n, medio cuerpo fuera, desafiando el balanceo del veh铆culo y las inclemencias del temporal. Con estupor apenas disimulado, la vieja no alcanzaba a comprender qu茅 hiciera el buen viejo medio loco tanto tiempo en esa extra帽a posici贸n. Una hora aproximadamente estuvo el viejo en 茅sas hasta que sali贸 de su pasmada contemplaci贸n y, chorreando por todas partes, volvi贸 a tomar asiento, excus谩ndose de nuevo por tan inaudito proceder. Al fin la t铆mida mujer se decidi贸 a preguntarle qu茅 era lo que tan afanosamente buscaba o simplemente miraba. Y el viejo le contest贸 que «hab铆a visto cosas maravillosas y nunca vistas». Picada de la curiosidad la dama entreabri贸 la ventanilla, asom贸 la cabeza, hasta que, perdiendo toda resistencia, se asom贸 con generosidad. El viejo le hab铆a sugerido: «debe, eso s铆, mantener muy abiertos los ojos». Repiti贸 la haza帽a del viejo estrafalario y a fe que fueron paisajes imposibles los que se cruzaron por sus ojos bien abiertos.
A帽os despu茅s la misma dama, que resid铆a habitualmente en Londres y pose铆a amistades aficionadas a la pintura, decidi贸 complacer su propia curiosidad ante una exposici贸n de un pintor discutid铆simo y tenido por estrafalario, llamado Turner, quien, al decir de sus adversarios, pintaba lo que ning煤n ojo humano hab铆a visto (ni el suyo propio, por supuesto). Mientras merodeaba por la exposici贸n y antes de reparar en los lienzos, de los que se le cruzaban ciertas manchas amarillas y verdosas, se entretuvo en o铆r los comentarios de entendidos que aseguraban no existir en ning煤n lugar del planeta Tierra im谩genes como las que ese loco pintor de lo fant谩stico pretend铆a hacer valer. Eran tan desaprobadoras las opiniones, daban lugar esos cuadros, a lo que pod铆a ver, a tales se帽ales de burla, de desprecio o de franca irrisi贸n, que nuestra dama, movida acaso por la piedad, decidi贸 al fin detenerse a contemplar una de las composiciones, la que m谩s cerca de ella estaba. Y he aqu铆 que, con sorpresa imposible de disimular, vio justamente aquello mismo que hab铆a visto a帽os atr谩s a trav茅s de la ventanilla de la diligencia. Entonces comprendi贸 qui茅n era ese viejo loco y pordiosero que hab铆a tenido delante suyo. Y presa de voluntad restitutiva empez贸 a gritar, congregando en torno suyo a todo el p煤blico de la exposici贸n: «¡Pero si yo lo vi, vi todo esto con mis propios ojos!».
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¿Ser谩 preciso recordar que todav铆a a mediados del siglo XVIII lamentaba un viajero «condenado» a atravesar la cordillera alpina por razones de negocio «esas formas ca贸ticas carentes de gracia y de belleza, ese compendio de horrores y fealdades que son los Alpes con sus repugnantes extensiones nevadas, malformaciones irregulares y glaciares»? Por supuesto, el viajero cerraba la ventanilla y la cortina para no ver tales espantos.
Bastar谩n estas an茅cdotas para mostrar el cambio que se opera en la piel sensible del hombre occidental en el crep煤sculo del siglo XVIII. La reflexi贸n kantiana sobre el sentimiento de lo sublime ser谩, en este sentido, la m谩s s贸lida sustentaci贸n del nuevo sentimiento de la naturaleza y del paisaje que se produce en ese siglo de las luces enamorado secretamente de las sombras.
Extracto de libro de Eug茅nio Tr铆as, "Lo bello y lo siniestro", Editorial Ariel, 1982
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buenas tardes,me llamo diego y me encanto mucho la lectura
ResponderEliminarBuenas tardes, me llamo Melo y jordi wild es mi novio, que por cierto le pareci贸 horrible el art铆culo, fuera de la realidad.
ResponderEliminarDisculpe pero su comentario es muy repulsivo,le pido por favor que tenga mas respeto
ResponderEliminarNo gracias ya comi
ResponderEliminarDisculpenme, soy Melo, mi hermano cogi贸 el pc
ResponderEliminarPerdon pero no tienen trabajo por entregar?
ResponderEliminarYa lo entregue profe y diego me quito la plata del descanso
ResponderEliminarQue pena estar difam谩ndome no? y muy graciositos despu茅s...
ResponderEliminarcierro hilo muchachos
ResponderEliminarCierro la raya del pene
ResponderEliminar*Borrar*
ResponderEliminarmuchachos,la verdad que pena con ustedes, por favor cojan oficio y no est茅n molestando a la gente.
ResponderEliminarHola, alguien me mencion贸? Pido respeto hacia mi persona, por favor
ResponderEliminarNo puedo soy admin
ResponderEliminarMuchachos, me hacen el favor y abran el socrative.
ResponderEliminarMe gusta la gente color llanta
ResponderEliminarUna disculpa al autor de este articulo.
ResponderEliminares una lectura muy interesante y que cojan de recocha este sitio me deja mucho que decir de estos personajes irrespetuosos
Concuerdo
ResponderEliminarDenle a mi nombre
ResponderEliminarJordi, siempre siendo una mal铆sima persona,no ves que los chavales quieren disfrutar de sus bromitas? Me da asco tu actitud. Eres muy poco pambisito. MINI
ResponderEliminarsoyReyes y soy extremadamente gay
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